Dice un adaggio urológico que "más vale meter el dedo que meter la pata". Se refiere, claro, al tacto rectal y a la necesidad de explorar bien la próstata, maniobra que muchas veces dejamos de hacer alegando que no queremos "incomodar al paciente" aunque la verdadera razón es que no queremos incomodarnos a nosotros mismos.
La exploración física no está desde luego de moda. Algunos médicos de familia llegan a hacer chascarrillos sobre su capacidad de pasar una consulta "sin usar ni una sola vez el fonendo" y los traumatológos ya casi no exploran las rodillas y directamente piden una resonancia magnética "para no estar perdiendo el tiempo".
No les falta razón a estos defensores de la eficiencia y las pruebas complementarias. La exploración física tradicional tiene sus limitaciones, es dificilmente reproducible y aporta menos información que la mayoría de las pruebas actuales (resonancia magnética para la rodilla o radiografía de torax para la neumonía). Pero esta visión tan "científica" se olvida en ocasiones de que la exploración física cumple un importantísimo papel más allá del diagnóstico.
Según cuentan la palabra "clínico" tiene el mismo origen etimológico que "inclinarse", es decir el médico clínico sería aquel que se inclina sobre la cama de un paciente. Me gusta más otra definición menos etimológica pero quizá más ajustada: un médico clínico es aquel que toca a sus pacientes con las manos. Médicos clínicos cada vez hay menos (según los últimos estudios en las plantas de hospitalización de medicina interna los médicos pasan más tiempo inclinados frente a la pantalla del ordenador escribiendo evolutivos que inclinados en las camas de los pacientes... y no digamos nada de los médicos de familia que pasan más tiempo peleándose con la impresora imprimiendo papeles burocráticos que inclinados en la camilla de exploración).
Tocar a los pacientes ayuda a establecer un vínculo, y no es lo mismo atender a una señora obesa que se queja de dolor de rodillas sin levantarse de la silla mientras tecleamos mirando a la pantalla del ordenador que ayudarla a tumbarse en la camilla y dedicarle un buen rato a mirarle las rodillas.
Como médico ya sabes antes de explorar y con un 99,99% de fiabilidad que lo que tiene esa señora es artrosis, entre otras cosas porque ya ha venido otras veces por lo mismo. Pero si planteas la exploración de su rodilla como una oportunidad de transmitir que te preocupa su problema la perspectiva cambia por completo. El simple hecho de "tocarle las rodillas" probablemente mejorará sus síntomas (¿por qué creeis que la gente va a los curanderos que imponen las manos?), aumentará su cumplimiento terapeútico y además, en un 0,01% de los casos te permitirá descubrir un diagnóstico inesperado.
Un caso reciente visto en mi consulta ilustra muy bien este principio. Un sábado por la mañana acude una mujer de 70 años a la urgencia de un hospital de madrid. Refiere "molestias al orinar". Se le diagnostica de "infección de orina" y se le pauta un antibiótico de primera línea (monurol). Tres días después sigue con molestias por lo que acude a su médico de atención primaria. "Sigo teniendo escozor". El médico pide un cultivo de orina y pauta un antibiótico "más fuerte" (tipo augmentine).
A los cinco días de ese encuentro la paciente acude a la consulta del médico suplente sin pedir cita, acompañada de su marido y con una llamativa urgencia por ser vista "cuanto antes". Tras pedirle que espere a que tenga un hueco el médico suplente le deja pasar a la consulta.
- ¿Qué le ocurre?
- Pues verá, el otro día fui a urgencias por unas molestias al orinar, me mandaron un antibiótico, pero no funcionó así que mi médico me mandó un análisis de orina y otro antibiótico, pero doctor yo estoy fatal y esto cada vez va a peor. No aguanto más.
- ¿Alguien la ha explorado sus partes?
- Pues no, pero es que no vengo "preparada"
- Pero verá, necesito explorarla para saber lo que está pasando
La paciente se tumba en la camilla algo confundida y pregunta:
- Pero ¿tengo que bajarme también las bragas?
- Supongo que sí, yo por lo menos aún no tengo rayos X en los ojos...
No hacía falta ser un lince, ni un especialista en dermatología, urología o ginecología para darse cuenta de que aquella pobre mujer tenía una infección por cándidas (hongos) en sus genitales de las más impresionantes que el médico suplente había visto en mi vida. El uso de antibióticos no había sino empeorado la situación. Desde luego la insistencia por ser atendida sin tener cita se comprendía perfectamente después de ver aquel desastre candidiásico.
Bastó un tratamiento convencional contra la candida (una crema y un óvulo vaginal) para que la paciente mejorara radicalmente, como así confirmó la propia paciente que llamó al médico suplente por teléfono para darle las gracias e informarle de la buena evolución.
No necesitaba esa mujer ningún experto en picores de entrepierna, ni ninguna sofisticada prueba de última generación. Simplemente necesitaba un médico que se tomara el tiempo suficiente para explorarla.
Por desgracia médicos con tiempo para esas cosas "mundanas" cada vez hay menos. O están sobrecargados de trabajo o demasiado ocupados con aparatejos tecnológicos "más prestigiosos".
miércoles 27 de enero de 2010
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Muy buena reflexión, de la que todos deberíamos tomar nota ;)
ResponderSuprimirTuve un caso similar unas semanas atrás. Una señora de 76 años acude sin turno al Centro de Salud, es conocida por sus exacerbaciones de EPOC. Me contó que hacía varios días que había sido evaluada en el Hospital por disuria, y le indicaron tratamiento con antibiótico. Por falta de mejoría le rotaron a levofloxacina, llevaba cinco días de tratamiento y las molestias ahora eran casi intolerables.
ResponderSuprimirLe dije que debía examinarla en el consultorio de Ginecología (también me dijo que no había venido preparada...) y pensabe evaluar una vulvovaginitis candidiásica, atrófica, o algo por el estilo. Me encontré con un prolapso como nunca había visto en mi vida, con el cuello uterino totalmente evertido, de un tamaño que aún no entiendo cómo la señora podía caminar, o peor aún sentarse. Por suerte estaba la ginecóloga, que me ayudó a evaluarla, y me advirtió sobre una posible retención aguda de orina. Hubiera querido fotografiarla para guardarla "a propósito de un caso", pero la señora estaba tan preocupada y angustiada (Salvo para parir a sus hijos, nunca había sido examinada "ahi") que no me atreví a pedirle su autorización.
Más allá de lo curioso de la anécdota, me parece que cuando los resultados no son los esperados, no es sólo cuestión de devanarse los sesos pensando en resistencias antibióticas, o sensibilidades pre y post test. Es cuestión de replantearnos el diagnóstico, y para eso... nuevamente escuchatorio y examen físico...
Saludos desde Argentina
Dra. Julieta
el otro dia me conto un urologo que le habian remitido urgente un paciente por "sangrado genital". Al explorarlo descubrio que lo que tenida eran ladillas en la zona del pubis que le producian tal sangrado. Asi me lo contaron asi lo cuento. Totalmente de acuero con el comentario del Dr. Bonis. So Medico de Medicina General
ResponderSuprimir"infección por cándida en sus genitales de las más impresionantes que el médico suplente había vista en MI vida."
ResponderSuprimir¿Quién sería el médico suplente?.
Tengo conversaciones (no llegan a ser discusiones nunca porque me encargo de ello) con pacientes o madres de pacientes cuando después de historiarlos y explorarlos no les pido las pruebas de anestesia que ellos creen necesarias. Cuando lo normal es que se esté más pendiente del juez que del paciente pasan estas cosas también. Pero prefiero perder tiempo hablando y explorando a un paciente. Y se nota.
Ya he comentado alguna vez que en mi provincia algunas compañías se empeñan en que los anestesistas no veamos a los pacientes antes de la cirugía y no es lo mismo verlos en la consulta (que tengo abierta a pesar de todo) que verlos en la puerta de quirófano.
Rotando por Ginecología una adjunta, nada más conocerme, fue lo primero que me dijo: "Meter el dedo siempre antes que meter la pata".
ResponderSuprimirPor otro lado, en la Urgencia encontré un paciente que ya había rebotado por su Médico de Primaria, una primera visita a Urgencias de donde le derivaban a Medicina Interna, donde le habían pedido una sangre oculta en heces... en fin, no estaba tan oculta.
a mí, como "humilde" medico de familia , admiro mucho mas a aquel medico que se para a explorar meticulasamente al paciente, que aquel otro que diagnostica meticulosamente un TAC u otra super-pruba de imagen. Ademas estoy totalmente de acuerdo con el "poder sanador" de la exploracion, del consuelo tan grande que le produce al paciente que "le mires", es decir, que le explores, aun sabiendo de antemano lo que crees que te vas a encontrar, y la mayoria de las veces incluso el paciente sabe que no le vas a dar una solucion definitiva, pero el hecho de dedicarle tus "mano" ya le mejora.
ResponderSuprimirOtra anécdota aún más acorde con lo de "más vale meter el dedo...". Paciente que ha acudido en varias ocasiones a su médico de familia y al servicio de urgencias hospitalario por dolor anal y leve rectorragia. Tras varios días con este dolor,y habiendo sido diagnosticado y tratado como síndrome hemorroidal, acude de nuevo por urgencias por no mejoría. Ya desesperado el pobre hombre, me cuenta todo y me dispongo a explorarlo, cosa que nadie había hecho hasta entonces, y, al meter el dedo,¡sorpresa!: el pobre señor tenía enclavado en la ampolla rectal un pequeño huesecillo de pollo que una vez que se lo quité de allí solucionó su problema. Si el primer médico que lo vio lo hubiera explorado...
ResponderSuprimirSin quitar ni un ápice de razón a la entrada y los comentarios, de esto de generar confianza con la exploración física, saben muchos los pediatras que, ante una madre con niño con tos y mocos como agua desde hace unas horas y sin fiebre, le desnudan, auscultan, miran la garganta y el oido para que la madre se vaya contenta (porque le ha mirado muy bien).
ResponderSuprimirSaludos.
Iñaki.
> Sin quitar ni un ápice de razón a la entrada y los comentarios, de esto de generar confianza con la exploración física, saben muchos los pediatras
ResponderSuprimirCuando paso consulta de pediatría en primaria también hago esa exploración.
Lo cierto es que en las consultas de pediatría hay más tiempo para explorar que en las de adultos de medicina de familia, aunque a un niño de 2 años se tarda más en explorarle (también a un anciano de 90).
Totalmente de acuerdo.
ResponderSuprimirYo había oído el aforismo del dedo y la pata en Geriatría (sobre los fecalomas).
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En una guardia me dejaron en observación en el cambio de turno una señora con dolor abdominal, a valorar por cirugía. ¡Nadie le había tocado la barriga! y llevaba varias horas en observación. Tenía una tumoración en el hemiabdomen derecho que casi se veía bajo las sábanas. 5 kilos pesó.
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Es una pena que muchos pacientes que acuden a urgencias por faringitis, otitis, dolor anal, ..., se quejan de que su médico no le ha mirado la garganta, el oído, el ano, ...
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Aunque esto no sólo ocurre en Atención Primaria. Algún Ginecólogo solicita ecos mamarias como scrining, sin explorar.
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En Pediatría, siempre hago exploración de la cabeza a los pies. Es lo correcto y, por otra parte: 1.- La madre (¡y las temibles abuelas!) se queda muy conforme. 2.- Mejoras el diagnóstico. 3.- Mejoras tu seguridad legal.
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Marta, yo admiro y respeto a cualquier médico que haga bien las cosas. Creo que la exploración y la relación humana con el paciente son imprescindibles; pero en según que casos, (estamos en 2010) las pruebas complementarias también lo son.
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