miércoles 31 de marzo de 2010

La tragedia de la medicina industrial: la historia del hombre que fue a mear sin echar gota

Erasé una vez un hombre que fue a mear sin echar gota. Tenía ya cierta edad, vivía solo y no era especialmente ilustrado. Preocupado por el declive en la potencia de su chorrito miccional acudió a su médica de cabecera (el género de la doctora juega un papel importante como verán).

El hombre que meaba sin echar gota tenía un factor en su contra. La medicina, había dejado de ser una actividad de profesionales ilustrados y comprometidos para convertirse en los últimos cincuenta años en una actividad básicamente industrial, con sus obreros hiperespecializados con estrictos horarios a turnos, sus cadenas de montaje en cadena, sus sistemas de control y sus modelos sixsigma de calidad total.

Los pocos profesionales ilustrados que aún quedaban solían ser convenientemente fagocitados y anulados por la vorágine del papeleo, la presión asistencial, la necesidad de codificarlo todo y la fascinación tecnológica socialmente imperante.

Así que la médico de cabecera del hombre sin gota hizo lo que podía hacer. Le mandó permixón, una cita para el urólogo, una analítica (con PSA) y pasó al siguiente elemento de la cadena de montaje (un señor diabético con cita urgente al que se le iban a acabar las recetas de metformina para las vacaciones de semana santa).

Los meses pasaron y el señor sin gota seguía con problemas de chorro. Por suerte llegó la cita con el especialista. La enfermera le indicó que pasara a la sala de exploración y que se tumbara en la camilla. El señor sin gota obedeció escrupulosamente. El urólogo, un técnico hiperespecializado que acababa de supervisar una litotricia y tenía una cirugía programada en 60 minutos , cumplio escrupulosamente con el protocolo del servicio. Rellenó las casillas correspondientes, hizo las preguntas pertinentes (¿ha notado disminución en la potencia del chorro miccional?), volvió a pedir la prueba del PSA e informó al paciente de que la ecografía podía molestar un poco pero que era indolora.

Introdujo el pepino (ecógrafo) por el ano del paciente y revisó detenidamente la próstata. "Tiene una hiperplasia benigna de próstata, pero no se preocupe que todo está normal. Va a tomar estas pastillas una vez al día, puede que le duelan las mamas. Su médico de cabecera le hará las recetas".

El hombre sin gota cumplio con los tratamientos, el permixón, el proscar, el no beber líquidos antes de acostarse... sin embargo notaba que algo no marchaba bien. Cada vez que acudía a por las recetas rojas de pensionista a la consulta de su médica se quejaba como quien no quiere la cosa del chorro de su orina. No lo hacía mucho, porque al fin y al cabo ya había ido al especialista, la doctora de cabecera siempre tenía mucha gente esperando y poco tiempo para hablar y encima cada dos por tres estaba un médico suplente que ponía cara de tortuga caribeña cuando le insinuaban aquello de "uy, es que mi historia es un poco larga de contar".

Pero una víspera de jueves santo el hombre sin gota sintió que no podía esperar más. Llevaba ya dos días sin poder mear apenas y la perspectiva de cuatro días de semana santa con el centro de salud cerrado y solo en su casa le impulsó a acudir de urgencias al centro de salud.

"Verá doctor, es que llevo dos días que casi no puedo orinar". El suplente con cara de tortuga caribeña le indicó que se tumbara. Para su sorpresa le pidio que se bajara los pantalones y los calzoncillos.

Se puso unos guantes y le miró el pene, por aquello de empezar por el principio... por donde sale el chorro.

La cara de tortuga caribeña se convirtió en algo más parecido a una cara de llama peruana. El médico suplente descubrió con asombro que el hombre sin gota no tenía apenas agujero "del caño". La punta del glande del paciente se encontraba fibrosada, y el meato urinario (agujero por donde sale el pis) tenía un diámetro de apenas un milímetro.

El médico suplente abrio mucho los ojos y con cara de llama peruana le preguntó: "¿pero a usted alguien le había mirado el pene en todos estos años?¿su médica?¿el urólogo?".

"No, si a mí lo que me miran es la próstata... pero gracias a Dios dicen que no tengo nada malo."

4 comentarios:

  1. Creo que esto marca simplemente la diferencia entre médicos buenos y médicos malos, no entre medicina "industrial" y "humanizada".
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    O también puede ocurrirle a un buen médico por mala suerte, cuestión de azar o conjunción de circunstancias.
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    Yo le temo muchísimo a los cambios de turno en las guardias, donde un compañero te presenta los casos: síndrome coronario esperando enzimas, gastroenteritis altable, TCE esperando cumplir 24 horas de evolución, reagudización de EPOC. Luego, resulta ser un TEP, una apendicitis, una fractura craneal o un neumotórax en un paciente con EPOC.
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    Yo hago la mayor parte de las ecografías de mi hospital. Y, por supuesto, cuando un paciente me consulta por dolor abdominal tras anamnesis, realizo exploración abdominal: "toco la barriga". ES imprescindible y si luego hago eco (no siempre es necesaria) me ayudará.
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    Sin embargo, hay compañeros que te piden una eco abdominal sin haber realizado interrogatorio ni exploración. Hay un ginecölogo que pide ecos de mama sin síntomas y sin palpar la mama.
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    Una mañana me encontré en observación una señora que consultó en urgencias por dolor abdominal, "a valorar". La mujer, nada mas verle la barriga ya se advertía una tumoración en hemiabdomen derecho, que se palpaba sin ninguna dificultad (como si tuviese un saco de patatas, de muchas patatas). La médico de guardia la noche anterior no hizo su trabajo.
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    Esto pasa en el hospital, pero también en el centro de salud. Muchos pacientes se quejan: mi médico no me miró la garganta, no me auscultó, no me miró el pene, ...

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  2. > Creo que esto marca simplemente la diferencia entre médicos buenos y médicos malos, no entre medicina "industrial" y "humanizada".

    No olvides que el buen médico y el mal médico están inmersos en un sistema de trabajo que influye en lo que pueden y no pueden hacer (y lo que acabarán por querer hacer). El sistema actual dificulta la buena praxis, al menos en atención primaria (que es el ámbito donde trabajo).

    El sistema incluye creencias (¿para que auscultar si puedo hacer ecocardiograma?) y reglas culturales informales ("no tiene nada de lo mío", "¿se desmayó antes de caerse y hacerse la herida?... entonces no es de cirugía es de medicina interna"), etc, etc, etc.

    > Yo le temo muchísimo a los cambios de turno en las guardias, donde un compañero te presenta los casos: síndrome coronario esperando enzimas, gastroenteritis altable, TCE esperando cumplir 24 horas de evolución, reagudización de EPOC. Luego, resulta ser un TEP, una apendicitis, una fractura craneal o un neumotórax en un paciente con EPOC.

    Algunos estudios demuestran que cuantos más "pases de guardia" más muertes y más errores. Es por el problema de la continuidad asistencial, factor que la "medicina industrializada" apenas considera.

    > Yo hago la mayor parte de las ecografías de mi hospital. Y, por supuesto, cuando un paciente me consulta por dolor abdominal tras anamnesis, realizo exploración abdominal: "toco la barriga". ES imprescindible y si luego hago eco (no siempre es necesaria) me ayudará.

    Imagino que eres radiólogo. Sería interesante conocer tu carga asistencial y de papeleo, pues la carga asistencial y el papeleo condicionan mucho al médico de familia para explorar o no a los pacientes (al final el médico deja de explorar para dar prioridad al ordenador y las recetas).

    Tu actitud es la correcta, pero reconocerás que el sistema (incluido el sistema de incentivos) lo que hace es empujarte a hacer todo lo contrario (no explorar, no escuchar al paciente). Al final es una lucha de resistencia y pocos aguantan.

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  3. Mear sin gota es un oxímoron.
    Actualizacion de aquel "si no metes el dedo, meterás la pata".
    Es que mirar, miramos pero...no vemos. Como oir y escuchar.
    Buen ejemplo a favor de los peruanos y otros de allende los mares.
    Jose Antonio Tous Olagorta

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  4. Es el problema que tenemos con la medicina moderna. Aprendemos a utilizar aparatos y a diagnosticar a través de imágenes, por lo que perdemos la capacidad de observación y las técnicas más elementales. Esto nos debería hacer pensar un poco.

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