jueves, 29 de abril de 2010

¿Por qué se coge antes cardiología que medicina de familia?

Las sociedades científicas y los sesudos analistas han intentado dar muchas respuestas y muchas soluciones al problema de la crisis vocacional de la atencion primaria. Esta es la mía:

Esto es lo que hace un cardiólogo en la práctica:




Esto es lo que hace un médico de familia en la práctica:

Como firmar 50 recetas en 1 minuto from Vicente Baos on Vimeo.

¿Siguiente pregunta?


miércoles, 28 de abril de 2010

Gripe A: las víctimas invisibles

Mañana presento esto en unas jornadas de valoración de la Gripe A un año después, organizadas por la Organización Médica Colegial.

lunes, 26 de abril de 2010

El tratamiento del dolor en urgencias

Un paciente con la pierna en forma de Z recibirá mucho antes una radiografía que un calmante y esto es una verdadera paradoja. Mónica Lalanda.

domingo, 25 de abril de 2010

El efecto mágico del aparatito













Magnifico mensaje en MEDFAM sobre el tratamiento de la crisis aguda de asma en urgencias por el Dr. Cimas, médico de familia con muchos conocimientos sobre el asma y la bronquitis crónica:

"la efectividad de la via intramuscular (en el uso de corticoides para el asma) es igual que por vía oral, y la misma que intravenosa. Es decir, preferiremos la vía oral por comodidad del paciente y menor iatrogenia, pero no por más efectividad (tiene la misma)."

"Uso de la cámara en urgencias: Sigue siendo TAN eficaz como el nebulizador, por lo que es de elección."

"Ahora imagina que eres un paciente con una crisis de asma, y que eres de esos que cree que la medicina es técnica, aparatos y dificultad. Llegas a urgencias, y te dan una pastilla para que la tragues y te ponen una cámara y un ventolín igual que los que tu tienes en casa...¡Menuda m... de médico! Mucho mejor si me pinchan, me ponen "el oxígeno" y ya, si me ponen el cacharrito de las lucecitas en el dedo, eso es la bomba..."


¡Qué gran verdad!

sábado, 24 de abril de 2010

Pornoprevencion y pastillas para no soñar

La medicina preventiva presenta los tres elementos de la arrogancia. El primero es que es agresivamente asertiva, persiguiendo a las personas sin síntomas y diciéndoles lo que tienen que hacer para permanecer sanos. En ocasiones, y apoyándose en el valor de la ley (vacunas, cinturones de seguridad), prohíbe y prescribe a los pacientes y al publico en general de cualquier edad y condición. Segundo, la medicina preventiva es presuntuosa, confiada en que las intervenciones que adoptara, en promedio, harán mas bien que daño a aquellos que aceptan seguirlas. Finamente, la medicina preventiva es soberbia, arremetiendo contra los que cuestionan el valor de sus recomendaciones.

Yo echo la culpa a los "expertos" médicos, a todos aquellos que, para sacar beneficios privados (por su afiliación a la industria ), para satisfacer una narcisista necesidad de reconocimiento publico o en un descaminado intento de hacer el bien, abogan por maniobras "preventivas" que nunca han sido validadas en ensayos clínicos aleatorizados rigurosos. No solo abusan de su posición, apoyando sin pruebas, maniobras "preventivas", también ahogan la disidencia.


Dr. David Sackett (padre de la medicina basada en la evidencia). La arrogancia de la medicina preventiva.




jueves, 22 de abril de 2010

Sanidad y mercado

Suelo examinar con frecuencia a médicos cubanos en reválida de títulos, que habiendo pasado ya algún tiempo en el país, antes de llegar a esta instancia conocen el sistema, y muy obviamente trabajan en él, aún sin título revalidado. Reconocen la superioridad del sistema de salud cubano, que no se basa en ideas de mercado, sino de servicio público, pero aclaran que es mejor para la gente, no para los profesionales, “condenados” a un sueldo, como aquí los maestros, policías y enfermeras, y se han venido a la Argentina, porque es sabido que aquí el sistema para los médicos ofrece grandes oportunidades, si uno tiene un poco de viveza. Creo que los cubanos se benefician al perder estos emigrados, ya que lo que menos necesita la atención de salud, como la política, son “vivos”. Un poco de ideas de mercado, de todos modos no me parecen mal, si se las puede controlar, ya que las experiencias de sistemas de salud burocráticos estatales, no son tampoco muy convincentes, pero mercado sólo si se lo puede controlar, sino mejor nada. Es un bicho peligroso si no tiene bozal como lo vimos el año pasado con las estafas de los grandes bancos. Como pasa con los pacientes muy graves, el estado se tuvo que hacer cargo. Alfredo Zurita.

Brevedad, repetición, energía

El modelo sanitario evoluciona hacia una mayor coordinación entre atención primaria y especializada, con un énfasis importante en el control del gasto sanitario. Esto genera varias tendencias con implicación en las habilidades comerciales a poner en juego.

Por un lado, y debido a restricciones en la visita, crecen los escenarios comerciales en grupo. Estos escenarios grupales se presentan de manera compleja, al convivir un modelo estructurado (en sala; médicos sentados; exposición formal) con otro espontáneo (en pasillo; médicos de pie; interrupciones frecuentes).

Por otro lado, el tiempo medio de las visitas, en general, se reduce, obligando al visitador a maximizar el escaso tiempo de interacción comercial del que dispone.

Como contrapartida a las tendencias grupales y de reducción de tiempo, crece la importancia de saber aprovechar otros escenarios más sociales para la labor comercial: presencia en congresos, pequeñas reuniones con ágape o comida con grupos de médicos, talleres de manejo clínico de alguna patología… Esos escenarios presentan el potencial de una mayor disponibilidad de tiempo para la interacción comercial y en un contexto más relajado para el médico.

Un entorno tan variado y complejo como el que estamos describiendo no puede ser resuelto con un único conjunto de habilidades y modelo de visita. Porque poco tiene que ver una visita individual que una visita en grupo a 6 médicos. Y no es lo mismo hacer una visita de 1 minuto en un pasillo de centro de salud que una de 10 minutos en el despacho del médico. Así, hay todo un abanico de técnicas y situaciones que desarrollar.

Las habilidades comerciales del presente y del inmediato futuro han de moverse en dos ejes: número de clientes y tipo de entorno. Esto daría lugar a un esquema como el mostrado en la ilustración nº1.


Tomado de un documento interno de la industria farmaceútica argentina sobre el futuro de la formación de la fuerza de ventas, descubierto por el Dr. Gavilán.

lunes, 19 de abril de 2010

Las oficinas de farmacia: ese agente de la salud

Conviene mirar y remirar este video para la próxima vez que los farmaceúticos rechacen la liberalización del negocio de las farmacias alegando a su insustituible papel como "agentes de salud":

jueves, 15 de abril de 2010

Gracias PowerBalance

¿Vales lo que cobras?

Después de formarme durante 10 años, descubrí con todo el dolor de mi corazón que el SPA de mi barrio cobraba más por una consulta de maquillaje, tinte de pelo o permanente de lo que yo podría cobrar por mis servicios. Es comprensible que muchos médicos prefieran dedicarse a la medicina estética para sustentar sus salarios. Está mucho mejor pagado que para lo que fuimos formados originalmente: atender enfermos. Aldebra Schroll, médico de familia que ha abandonado la práctica de la medicina.

miércoles, 14 de abril de 2010

La barbarie del especialismo

"Antes los hombres podían dividirse, sencillamente, en sabios e ignorantes, en más o menos sabios y más o menos ignorantes. Pero el especialista no puede ser subsumido bajo ninguna de esas dos categorías. No es un sabio, porque ignora normalmente cuanto no entra en su especialidad; ¡pero tampoco es un ignorante, porque es aún hombre de ciencia y conoce muy bien su porción del universo!. Habremos de decir que es un sabio ignorante, cosa sobremanera grave, pues significa que es un señor el cual se comportará en todas las cuesttiones que ignora, no como un ignorante, sino con toda la petulancia de quien en su cuestión especial es un sabio." Jose Ortega y Gasset. La Barbarie del Especialismo. La rebelión de las masas. Año 1930.

La misión de un empresario

En un mundo como el actual, inmersos como estamos en una crisis económica ocasionada por la codicia y la temeridad crediticia donde las suspensiones de pagos proliferan, y donde los despidos y los impagos son la solución sencilla a la que recurren muchos "empresarios" conviene recordar que la misión moral de un empresario es enfrentarse a la incertidumbre de un mundo inseguro, de modo que sus trabajadores, clientes y proveedores puedan vivir con la sensación de que el mundo es seguro y en cierto grado, predecible.

martes, 13 de abril de 2010

Igualas médicas

Interesante documento que explica la vida y condiciones económicas del médico del pueblo de Churraca de finales del siglo XIX (el Doctor Antonio Lacal).

En él se describe el salario del médico así como la existencia de la "iguala", un pago anual que hacían todos los vecinos del pueblo, precursor de nuestros sistemas de "seguridad social".

"La asistencia sanitaria a las familias se realizaba mediante el contrato con el médico de una cantidad fija para las atenciones necesarias durante todo el año. Este contrato o Iguala Médica permite al facultativo organizar sus ingresos de una manera estable. Estos ingresos están detallados en el libro de la Iguala de Antonio Lacal de su propio puño y letra. Las anotaciones del libro de la Iguala, que conserva la familia, empiezan en 1885 y llegan hasta 1924, el año de su fallecimiento. El Libro de la Iguala Médica de don Antonio Lacal registra con sus nombres y cuotas anuales un total de 143 familias en 1890, 121 familias en 1900 y 99 familias en 1911. Las cuotas se abonan en dos períodos semestrales, en enero y agosto de cada año. En el primer año se registran cuotas que van desde 320 reales de vellón (80 pesetas) hasta cuarenta reales (10 pesetas)."



El modelo de iguala hacía que los médicos permanecieran durante 45 años ejerciendo en el mismo pueblo, atendiendo a los pacientes en "la casa del médico" y en el propio domicilio de los mismos.

Existe sin embargo la idea de que los médicos de pueblo en la España de principios de siglo XX pasaban grandes penurias, al igual que los maestros de escuela. Pero ¿qué hay de cierto en esa leyenda?.

Como vemos el médico cobraba en 1885 un rango entre 10 pesetas y 80 pesetas anuales. ¿Y eso es mucho dinero?. Es difícil de saber sin realizar un estudio exhaustivo de los precios de la época, pero buscando un poco por internet averiguamos que en el año 1920 el salario medio en España era de 2000 pesetas al año. Actualmente es de 21.000 euros al año (3.500.000 de pesetas) lo que significa que una peseta de 1920 equivale a unas 1700 pesetas actuales (en términos de inflación salarial).

Eso quiere decir que el Doctor Lacal vino a cobrar en 1890 de la iguala aproximadamente 40 ptas por 140 familias (5600 pesetas) lo que multiplicado por 1700 (suponiendo que entre 1890 y 1920 no hubiese habido inflación, lo cual evidentemente no es cierto) equivaldría a cobrar unos 57000 euros al año (4750 euros al mes) hoy en día. Eso sumado a su salario de médico titular (750 pesetas al mes equivalentes a 7680 euros al mes de hoy en día).

A la luz de estos datos da la impresión de que los médicos de pueblo del siglo XIX eran como los controladores aéreos de la España del siglo XXI. ¿Y todavía hay quien se sorprende de que sea difícil encontrar voluntarios para trabajar en zonas rurales en la España de hoy?

domingo, 11 de abril de 2010

Un caso clínico cierto

Una tarea frecuente en los médicos (sobre todo en lugares donde la docencia es importante) es presentar casos clínicos. La forma de transmitir la información sobre un paciente a otros médicos nos habla acerca de:

a) lo que sabemos sobre ese paciente
b) lo que creemos es importante de todo lo anterior

He acudido a numerosas presentaciones de casos clínicos en el entorno hospitalario. Yo mismo he presentado casos clínicos (bien en sesiones o bien al transmitir información a otro compañero). En general se sigue el esquema que Elena Serrano denomina en un excelente artículo "el caso clínico clásico": "varon caucásico de 45 años que acude por..."

La razón para presentar la información de esa forma en el hospital es que generalmente esa es la información que se dispone sobre el paciente. El acceso a otro tipo de información "blanda" (como las relaciones familiares o el número de escalones que tiene su casa) son de difícil acceso para el especialista hospitalario.

Los médicos de familia tienen, en situaciones de longitudinalidad y estabilidad laboral, un acceso privilegiado a esos datos "blandos", que son los que marcan la diferencia entre una atención médica técnicamente impecable y una atención médica integral.

Por desgracia, por alguna razón, los médicos de familia aunque conocemos esa información blanda y la tenemos en cuenta en nuestras decisiones, no la consideramos "digna" de ser utilizada en la presentación de un caso clínico e imitamos muchas veces el "estilo clásico".

Merece la pena leer este caso clínico real descrito en el artículo de E. Serrano, en sus dos "estilos":


Caso clínico clásico

Varón de 72 años que demanda atención a domicilio por “heces negras”. Entre sus antecedentes:
hipertensión, dislipemia, ictus isquémico de la arteria cerebral media derecha en 2000, hemiplejia izquierda desde entonces, cáncer de próstata diagnosticado en 2000, infecciones urinarias de repetición en la última década y síndrome lacunar motor puro derecho en 2004. En tratamiento con clopidogrel y tamsulosina. Visita a domicilio de su médico de cabecera con un residente. Paciente estable, sin hallazgos de interés en la exploración. Se decide mantenerlo en casa, tratarlo con omeprazol, y solicitar una colonoscopia y análisis. Anemia en la analítica que se trata con hierro. No se realiza colonoscopia sino gastroscopia que lleva al diagnóstico de “gastritis crónica atrófica congestiva con úlceras bulbares Forrest III”.

Caso clínico cierto

Antonio Sendín nació hace 72 años en El Cuadrón, pueblo de la Sierra Norte, a 80 Km. de Madrid.

Está casado y tiene cuatro hijos (dos mujeres) y cinco nietas. Vive en una casa de su propiedad, con su esposa, en la primera planta, en una parcela con jardín privado. Cuenta con familiares y amigos en el pueblo, pero los hijos viven y trabajan en Madrid.

Fue ganadero hasta su jubilación en el año 2000. Tenía por costumbre y placer caminar por la sierra, montar a caballo, cultivar su huerto y la lectura de novelas y ensayos. En el pueblo tiene fama de buena persona culta.

Su vida cambió el primer día del mes de diciembre del año 2000, apenas unos meses después de su jubilación, cuando bruscamente comenzó a sentir pérdida de fuerza en el brazo derecho. Sus
familiares observaron dificultad para hablar y desviación de su boca hacia la izquierda. Acudieron a Urgencias del Hospital (La Paz) más cercano, a 90 Km., donde le ingresaron con el diagnóstico de accidente cerebrovascular. La mujer explica que tras los primeros días de estancia en el hospital el cuadro empeoró por progresión del infarto cerebral.

Quedó paralizada la mitad derecha de su cuerpo, motivo por el cual durante meses (casi un año)
realizó rehabilitación, en el hospital inicialmente y después fue dado de alta y continuó la
rehabilitación en su domicilio donde acudía a diario un fisioterapeuta. En la actualidad, agosto de
2008, el fisioterapeuta sigue viniendo, dos veces por semana, corriendo los gastos a cuenta del
paciente.

Durante el ingreso se realizó una biopsia de próstata ante un valor inesperadamente elevado de PSA.

El resultado de la anatomía patológica fue de neoplasia in situ. El paciente parece ignorar este
diagnóstico, o al menos nunca ha comentado o preguntado acerca del mismo. Empezó tratamiento con clopidogrel y tamsulosina.

Tras meses de rehabilitación, Antonio pudo volver a caminar con ayuda de un familiar pero persiste la hemiplejia y la parte derecha de su cuerpo (dice, “nunca volveré a ser lo que era”). En 2003 expresó “no me gusta que me vean así” y quiso mejorar por lo que fue derivado, a través del médico del pueblo, al centro de día de la Residencia de Ancianos de Robledillo, pueblo del entorno de El Cuadrón.

Esta incorporación demostró su deseo de mantenerse activo dentro de sus posibilidades y de
disminuir la carga de la enfermedad para la familia, a quienes cambió la vida también tras este
incidente. Cada día lo recogían por la mañana y volvía por la tarde. Dos años después, 2005, dejó de asistir porque “es deprimente, en el centro hay pacientes que se encuentran en peor situación que yo”. Estableció una excelente relación con la médico de la residencia, que conserva hoy en día.

Antonio parece no entender que su vida ha cambiado; rechaza la parálisis y sus consecuencias. Esa no-adaptación se traduce en un cuadro ansioso-depresivo que requiere tratamiento farmacológico, pero no responde al mismo. En 2006 sufrió un shock hipovolémico asociado al tratamiento con benzodiacepinas (lorazepam y alprazolam). Se intenta el tratamiento con mianserina que no tolera.

En diciembre de 2007, presenta un cuadro de agitación. Su médico de cabecera pauta haloperidol con lo que mejora. Es un nuevo médico, tras el concurso de traslado, incorporado en febrero de 2007; por esas casualidades de la vida este médico está casado con la médica de la Residencia de Ancianos de Robledillo, lo que facilitó mucho el establecimiento de una buena relación con el paciente.

Desde el ictus acude al domicilio una señora que ayuda a la esposa de Antonio a levantarlo por la
mañana y a ducharle. Durante el invierno Antonio duerme con su esposa en la cama del dormitorio de matrimonio pero en verano duerme en una habitación cuarto de estar con una cama individual que tiene un gran ventanal con vistas a la plaza del pueblo. Aunque este cambio también habrá afectado a la vida de la pareja y a su sexualidad, la cuestión no se ha tratado en ningún momento ni por el médico, ni por el paciente, ni por la esposa.

En ocasiones, se sienta en una silla a la puerta de casa, después de bajar con dificultad las escaleras, siempre ayudado por su mujer y/o sus hijos/yernos. Cada vez sale menos a pasear por las calles porque “no quiero que me vean así” y cuando lo hace va en silla de ruedas.

Los fines de semana, cuando vienen sus hijos y yernos, aprovechan para llevarlo a pasear en todo
terreno por la sierra y a disfrutar de comidas familiares en los restaurantes preferidos de Antonio.

Estas alegrías no le compensan, piensa que no merece la pena vivir así y manifiesta “estoy
desesperanzado” porque con el paso del tiempo no ha mejorado, no “he vuelto a ser el mismo de
antes”. Y al decirlo mira la parte derecha del cuerpo, levanta penosamente el brazo derecho con
ayuda del izquierdo y lo deja caer bruscamente.

El rechazo a su evolución, la no-aceptación de su situación, es lo que me llevó a conocer a Antonio
este verano, mientras hacía una rotación rural que incluía El Cuadrón. Una mañana de mediados del mes de julio, acudió su esposa a la consulta para recetas y comentó que le había salido una herida en la espalda y quería que le visitásemos. Antes de marcharse, explica que está algo más “agresivo” últimamente y con mayor actitud negativa.

Antonio estaba vestido, bien arreglado y sentado en el borde de la cama de la habitación con el
ventanal que mira a la plaza. Con su cabeza girada hacia la izquierda parecía mirar la actividad
exterior, como si intentase no mostrar atención ni a su parte derecha ni a nosotros. Primero
exploramos la espalda, para valorar la herida que nos había comentado su mujer, sin que
encontráramos de momento lesión evidente. Preguntamos sobre síntomas varios y sobre sus
sentimientos y sensaciones y respondió casi sin palabras, apenas encogiendo los hombros y
señalando su parte derecha. Reconoce estar más irascible por su situación. Después de una pobre
“escucha terapéutica” (casi nada que escuchar) y una muestra de empatía (mano en el hombro del paciente de su médico) se pauta de nuevo tratamiento con haloperidol. En esta entrevista su mujer, sentada en un extremo de la habitación aprovecha para repetir con monotonía, a cada momento, que “no tiene interés por nada”, “nada le interesa”, y para suspirar. Quizá traduzca el agotamiento de estos ocho años y quizá tampoco entienda esta situación. En el comedor, al escribir la receta, hay un rato para tratar de escuchar a la esposa, y para intentar apoyarla.

Apenas quince días después, por la tarde, una de las hijas contacta telefónicamente con su médico, el médico de El Cuadrón. Las heces de Antonio tenían un aspecto diferente hoy: muy pastosas, negruzcas y con olor intenso. Sólo había sido una defecación y Antonio se encontraba bien. El médico le visitaría al día al paciente y si surgía un empeoramiento en esas horas, deberían llevarlo a urgencias.

Al día siguiente visitamos a Antonio. Se encontraba tumbado en la cama del cuarto de estar.

Tenía buen aspecto, se encontraba bien y no había signos ni síntomas de hipovolemia. Al paciente parecía no preocuparle este nuevo acontecimiento. Su mujer por el contrario no lo expresaba así; le parecía preocupante, y aprovechaba para repasar en voz alta todo lo vivido desde aquel mes de diciembre de 2000.

Tras explorar al paciente y confirmar con el tacto rectal el episodio de melena, se explicó a la familia (estaban acompañados por una de sus hijas) que debía realizarse una colonoscopia para intentar aclarar el origen de la hemorragia y una analítica de sangre para comprobar la cantidad perdida.

Después (en el momento no lo pensó), el médico del pueblo llamó por teléfono para recomendar
tratamiento con omeprazol por la sospecha de gastritis erosiva por clopidogrel. El análisis se hizo al día siguiente (la familia llevó a Antonio al centro de salud, distante 15 Km., para hacerle la
extracción) y los resultados llegaron el mismo día. Se observó anemia moderada y se inició
tratamiento con hierro. Quedaba pendiente de realizar la colonoscopia. La esposa estaba preocupada por si se trataba de un proceso maligno lo que permitiría descartar la colonoscopia.

La solicitud telefónica llevó a una cita a los tres meses, pero una de las hijas se pasó directamente por el servicio correspondiente en el Hospital La Paz (con una nota explicativa del médico del pueblo) y lo citaron a los quince días.

Realizamos una última visita a Antonio para reconocerlo y entrevistarlo a fondo, mientras su médico revisaba la historia y hablaba con su esposa. Ese día estaba sentado a la puerta de su casa y le pedimos si no le importaba subir a la habitación. Fui presente de la convivencia familiar, del esfuerzo en el subir las escaleras y en el camino por el pasillo hasta la habitación, de la resistencia de Antonio a ser ayudado aunque fuera por necesidad, de la reacción de su mujer,…

Antonio tumbado en la cama y yo sentada enfrente, a poca distancia. Aprovecho para escucharle
acerca de su vida. Su infancia, su familia, su trabajo, su pueblo, sus aficiones,… y su enfermedad.

Frases entrecortadas con miradas detenidas en la ventana. Ventana como símbolo de puerta que se abre a la vida, vida con movimiento: lo que no tiene Antonio. Me transmite y me cuenta su tristeza por no poder salir a la calle, por no poder montar a caballo, por no poder leer (porque se le olvidan las cosas),… Mira a su lado derecho y encoje los hombros. Me emociono al escucharle.

No tiene sentido vivir así porque él ve que los días pasan y no hay mejoría; creía y tenía esperanza en que con la rehabilitación recuperaría su movilidad… Piensa que es una carga para su mujer, sus hijos y yernos y sus nietas. Ellos no pueden hacer nada para solucionar su situación, me explica.

Silencio. Le cojo su mano derecha y ese contacto es correspondido con un ligero y tímido apretón de manos por parte de Antonio. Silencio.

En la Unidad de Endoscopias deciden hacer gastroscopia y no colonoscopia, como se había solicitado.

Encuentran una gastritis crónica atrófica congestiva, y dos úlceras bulbares Forrest III. Se mantiene el tratamiento con clopidogrel y omeprazol.

Un mes después, con motivo de una gastroenteritis en fin de semana, la familia lleva a Antonio a
urgencias hospitalarias. Sin ingreso, vuelve con sonda urinaria. En la visita para quitar la sonda,
Antonio aprovecha un momento de ausencia de la mujer para pedir formalmente al médico del pueblo eutanasia. La mujer desde el pasillo dice “si hace eso el médico irá a la cárcel”.

Hay tiempo para hablarlo a fondo, no obstante.

Cero punto uno

Volver a la realidad, a la versión cero punto uno... y salir a la calle. Eso sí que es una idea revolucionaria.

jueves, 8 de abril de 2010

Las prespitación y la droja en el colacao

De vez en cuando a uno le llegan verdaderas joyas directamente rescatadas del protopaleolítico friki... de cuando no existía el youtube, lo que las hace mucho más valiosas por su rareza y atemporalidad:

martes, 6 de abril de 2010

Alexitimia y Mayka Sánchez: Modus operandi del inventor de enfermedades

Para vender pastillas (y consultas médicas) el primer paso es crear una demanda. Y en temas de salud esto pasa por convencer a la gente de que está enferma... y de que tú tienes la solución a ese problema a cambio de un módico precio (claro).

Para crear nuevos enfermos nada mejor que inventarse alguna enfermedad. El modus operandi es más o menos el siguiente:

1) coge un trastorno o característica o proceso natural pero algo "molesto" que sea bastante frecuente (calvicie, menopausia, niños traviesos, timidez)...

2) algunos casos extremos de esa característica pueden necesitar tratamiento médico o psicológico, céntrate primero en mostrar esos casos

3) ahora extiende la enfermedad a cualquier persona que tenga algún síntoma o característica compatible, escribe unos artículos en algún suplemento de salud... y ¡voilá!... habrás convertido a un monton de tímidos, mujeres con menopausia, chavales con entradas o padres de niños revoltosos en una nueva fuente de ingresos.

Un caso paradigmático y recientemente detectado es el de la alexitimia y Mayka González, periodista "especializada en salud" con antecedentes de invención de enfermedades.

En el propio periódico El Pais podíamos leer acerca de un artículo publicado por esa periodista sobre el tratamiento del dolor: La información sigue peligrosamente el esquema de las nuevas estrategias que la industria farmacéutica emplea para promover la prescripción de sus fármacos, una vez erradicados los escandalosos incentivos con que premiaban a los médicos. De hecho, los médicos no son ya el único objetivo de los departamentos de mercadotecnia de los laboratorios. Ahora tratan de influir sobre la prescripción a través de los propios pacientes. Esa estrategia consiste en hacer emerger (a veces incluso crear) un problema de salud, movilizando a especialistas de prestigio y si es posible, pacientes, con el objetivo de "sensibilizar" sobre el problema para el cual tienen la solución.

Sin embargo en el suplemento de salud semanal la inventora de enfermedades vuelve a la carga y publica esta vez un artículo sobre la "alexitimia". Comprobamos como su modus operandi no ha cambiado:

1)seleccionamos la característica frecuente y "molesta":

Pistas para reconocerlos La alexitimia se descubre sobre todo en las relaciones más íntimas y personales... comparten algunos de los siguientes rasgos: Poco habladores, serios, aburridos y secos.


¿Eres poco hablador? ¿aburrido? ¿seco?... no es que seas un antipático... ¡es que estás enfermo!.

2) ilustramos con casos extremos (incluso patológicos)

Se ha observado, por ejemplo, en los supervivientes de los campos de concentración nazis.


3) extendemos la enfermedad a toda la población generando una demanda de consultas a expertos y de fármacos (o de algún dispositivo con buen margen de beneficios)

Su manejo terapéutico es complejo”, explica Alonso-Fernández. “Hay que recurrir a fármacos que estimulen los sistemas de neurotransmisores noradrenérgico y dopaminérgico o, por el contrario, que los inhiban. La psicoterapia se basa en que aprendan a reconocer sus sentimientos y a expresarlos”. Pero la mayoría de ellos no están diagnosticados y suelen causar problemas de convivencia, sobre todo de pareja, por su incomunicación e incapacidad para compartir.


No es difícil imaginarse a la típica mujer (o el típico marido) al que su pareja ya no hace ni caso diciéndole que no es que ya no le quiera sino que sufre "alexitimia" y corriendo raudo y veloz a la consulta del Dr Alonso-Fernández para conseguir su dosis de psicoterapia y de estimulador noradrenérgico.


Ay Mayka, Mayka... ¿ya vuelves a las andadas?

PD: Rafa Bravo aporta una idea genial. Podríamos utilizar el test de Voight-Kampf para detectar alexitímicos en nuestras consultas de atención primaria. Con la ventaja de que para hacer el test hacen falta aparatitos (iridógrafo, una especie de ventilador mecánico) así que seguro que algún fabricante de dispositivos médicos subvenciona los cursos de formación continuada (para no depender siempre de la industria farmaceútica):

lunes, 5 de abril de 2010

La sala de espera

Para algunas personas sus enfermedades son una especie de trofeos, que normalmente se exhiben en las salas de espera de nuestras consultas... al resto de los mortales les resulta desagradable o cuanto menos algo bizarro escuchar las historias de las enfermedades de los demás. ¿Te imaginas estar escuchándolas durante horas de 50 personas diferentes?. Pues ese es el pan de cada día para los que nos dedicamos a ver pacientes.

Lo peor es que si eres médico también te las contarán en cualquier lugar u ocasión, incluidos bautizos, bodas y funerales:

sábado, 3 de abril de 2010

Un paciente ciego

El Dr S. es un conocido médico e investigador biomédico que empezó a perder la vista a los sesenta años. Dado su historial como médico y científico distinguido, no tuvo problemas para encontrar a los mejores oftalmólogos. Ni tampoco los tuvo para comunicarse con ellos, dado que hablaban un mismo lenguaje y compartían conocimientos. Al Dr S. le diagnosticaron degeneración macular, una causa de ceguera irreversible y progresiva, por lo que le dijeron que no podían hacer nada por él. Sólo al cabo de mucho tiempo, y después de haber hablado con personas no profesionales, el Dr S. aprendió que sí había muchas cosas que hubieran podido hacer por él. Éstas son sus palabras:

"Pienso qué infrecuente es el médico que tiene el tiempo, la energía y la visión suficientes para prestar una profunda atención a lo que ocurre en "el resto" de su paciente. Es posible que mi médico no pueda hacer nada por mis ojos, pero tras ellos se encuentra un hombre ansioso y preocupado, un hombre que quiere cosas y al que le faltan las habituales: un hombre por el que puede hacerse mucho aún. Las complicaciones de la ceguera no están en los ojos, sino en otros lugares. Uno de ellos es una dolorosa sensación en la superficie anterior de ambas tibias, a una cuarta del suelo, más o menos a la altura habitual de una mesita de café. Es un problema del paciente ciego, pero que no se menciona en los libros de texto de oftalmología. Creo que, para la mayoría de los oftalmólogos, la ceguera de sus pacientes constituye un fracaso, lo mismo que la muerte para los internistas. El internista no ha de vérselas con el paciente muerto, el paciente ciego sigue viviendo y la incapacidad del oftalmólogo para enfrentarse a la ceguera tiene un enorme impacto en el paciente. Los oftalmólogos niegan al paciente cualquier otra ayuda porque se sienten derrotados. No conocen la gran cantidad de medios que hacen la vida más tolerable al paciente ciego.

Si mi médico me hubiera hablado de relojes y libros "que hablan", mi mundo habría pasado a convertirse de un insufrible infierno crudo, en un infierno parlante, y a veces, en un paraíso."

El Dr S. consultó con el mejor oftalmólogo según todos los criterios profesìonales. Sin embargo, quizá lo mejor para él hubiera sido consultar con un médico de atención primaria y con el oftalmólogo al que le derivase.


Atención Primaria. Equilibrio entre necesidades de salud, servicios y tecnología.

jueves, 1 de abril de 2010

Público o privado

Curiosa la encuesta que propone el gobierno vasco: ¿En caso de una intervención grave, ¿preferirías ser atendido en la sanidad pública o en la privada?.

La mayoría responden que para las cosas graves mejor los servicios sanitarios públicos.

¿Y por qué los que se pueden permitir pagar un seguro privado (o elegir servicios privados como los funcionarios) prefieren lo público cuando se trata de intervenciones "serias"?.

Básicamente por aquello del chiste del que quería apuntarse al partido comunista y preguntaban:

-¿si usted tuviera dos casas qué haría?

-Pues uno para mí, y otro para el partido que somos todos.

-Bien, bien...¿y si usted tuviera dos coches?

-Pues una para mí, y la otra para el partido que somos todos.

-Perfecto...va bien, ¿y si tuviera dos televisores?

-Eh...no se pase, que yo no tengo dos casas ni dos coches, ¡pero mi tele de plasma, ni tocarla!


El pensamiento es similar. Si yo puedo pagarme un seguro privado para las cosas "del día a día" (embarazo normal, consultas médicas, cirugía del menisco, empastes), y mientras esté sano, entonces "el libre mercado" mola mogollón. El que quiera tenerlo que lo pague, ¿por qué voy a tener que sufragar yo la sanidad a toda esa panda de perdedores, vagos y maleantes?. ¡Si son pobres es que algo habrán hecho!.

Eso sí, si tengo una enfermedad de esas que requieren unos gastos fijos en infraestructuras e inversión enormes (por ejemplo los trasplantes) y que como individuo jamás podría pagar (o no me compensa pagar un seguro por ello pues el riesgo es remoto y las primas altas), entonces que me lo proporcione el Estado que para eso pago impuestos.

No es más que el concepto de solidaridad pero llevado a la práctica real.