Una de las enseñanzas que he aprendido en mi MBA es que la tarea de un directivo es una tarea principalmete de servicio. Eso significa asumir tus responsabilidades y entre otras cosas entender que lo más difícil no es ganarte el amor de los empleados sino el respeto (que no es lo mismo).
Algunas personas han sugerido que criticar a los directivos "buenrrollistas" (el termino usado ha sido "superiores") como lo he hecho ultimamente es injusto. Por supuesto criticar a alguien que ofrece amor y abrazos 2.0 y que habla de colaborar y compartir suena mal.
Pero se olvidan de que yo no critico el buenrrollismo, sino el uso del buenrollismo para escurrir responsabilidades y templar gaitas.
Se ha dicho que no se puede culpar a los directivos por los contratos basura, que eso es culpa del "sistema sanitario".
Pero echar la culpa al sistema es una forma como otra cualquiera de escurrir el bulto. Cada cual que asuma sus responsabilidades.
El medico clinico tiene la responsabilidad de acudir a su puesto de trabajo, de ser amable con los pacientes (para los pacientes todos los abrazos del mundo), de hacer su trabajo clinico con ciencia y conciencia.
La responsabilidad de los pacientes es usar el servicio de manera responsable, de reclamar sus derechos cuando sean pisoteados (que lo son a menudo). De los pacientes acepto y agradezco el reconocimiento. No les puedo exigir más que eso.
Pero los directivos, gerentes, subdirectores tambien tienen su papel y responsabilidad en el sistema. Su papel no es darme palmaditas en la espalda (solamente). Ellos tienen que mejorar la gestion, tienen que encontrar formulas para que no existan contratos basura. No se les paga para que escriban blogs ni para que hagan de gurus (¿lo harán en su horario laboral?).
Se les paga para que aporten soluciones. Si Mañez dice: "tienes que aceptar contratos de 2 días porque esto es así, pero tienes mi amor y mis abrazos" es como si yo le digo a un paciente con una artritis gotosa que "tienes que joderte con el dolor porque eso es asi, pero tienes todo mi amor y mis abrazos". Ojo, no estoy pidiendo que los directivos logren cosas imposibles (como curar un alzheimer) pero es que los contratos temporales de días y otros muchos problemas si tienen soluciones alternativas, pero para defenderlas como gerentes hay que estar dispuestos a "sacrificarse" mas alla del escribir en un blog o mandar abrazos virtuales. Pero amigos, cambiar las cosas "de verdad" no es fácil y uno suele tener que asumir riesgos y normalmenre cabrear a alguien.
Uno puede ganarse el amor de los demás a base de abrazos, pero el respeto se gana de otra forma.
domingo, 28 de noviembre de 2010
sábado, 27 de noviembre de 2010
¿Quién paga el "gratis" 2.0?
Miguel Mañez ha sido recientemente homenajeado por la tropa dospuntocerica. Sus aportaciones a la blogosfera sanitaria son indudables y es muy activo en las redes sociales. Es economista de formación y trabaja en un puesto de gestión.
Es además un defensor del buenrollismo (o como dice Camilo Erazo en chileno el "buenondaismo"). El buenondaismo es necesario en el trabajo y los que han trabajado conmigo saben que cuando estamos "en harina" (es decir, atendiendo pacientes) soy el más buenrollista de todos.
El problema del buenrollismo gerencialista es que te cuelen gato por liebre y te terminen convenciendo de que criticar es malo, incluso en internet.
Mañez escribe un post que titula "gratis" y donde habla de la importancia de la motivación intrinseca y en definitiva de darnos abrazos y querernos en el trabajo. En cierto modo, o a mi me lo parece, lo que transpira el mensaje es que hablar de dinero "está feo", que eso es muy 1.0 y lo moderno y 2.0 es remunerar con abrazos que ademas (y ese es el truco de magia) son "gratis".
Comento en su blog que a mi me gusta que me motiven con abrazos, pero que mi casero no acepta el pago del alquiler con abrazos y que por tanto tambien necesito dinero. Exijo un salario digno y contratos dignos, como condición preliminar para hablar de abrazos, motivación, misión y compromisos mutuos.
Mañez entonces comenta algo sorprendente (o no tan sorprendente):
"Dr Bonis: siempre que me hablan de los contratos dignos, siempre pongo el mismo ejemplo. Como cubrimos las faltas de asistencia por motivos legales (dias libres, libranzas de guardia, asistencia a congresos, bajas, etc) de los profesionales?
No me gusta nada hacer contratos de un dia, pero incluso teniendo a gente contratada todo el mes que cada dia va a un sitio, necesitamos contratar a otros profesionales por 1 o 2 dias."
Y aquí hemos llegado al nudo gordiano del buenrollismo. Amigos gerentes dospuntocéricos: yo entiendo que quereis dar a la población la maxima accesibilidad, para que puedan acudir al médico a su mayor conveniencia, en horario de mañana y tarde, sin listas de espera, y tener las urgencias funcionando 24 horas y 7 días a la semana. Pero eso tiene un coste.
El coste consiste en que no puedes tener tus recursos al 110% de su capacidad, porque como bien dice Mañez los curritos sanitarios tienen la fea costumbre de ponerse enfermos o querer irse de vacaciones o ver a su familia... o incluso ir a congresos sobre la web 2.0.
Ese coste alguien tiene que asumirlo. Alguien tiene que pagar. Pueden pagar los ciudadanos, que si quieren un servicio "a conveniencia" tendran que pagar más impuestos (o copagos), pueden pagar los médicos con plaza fija (cubriendo a sus compañeros y viendo al doble de pacientes), pueden pagar los jóvenes médicos a base de los contratos basura que Mañez propone como solución. O podrían pagar los gerentes, contratando más gente (o mejorando la eficiencia del sistema) para que en vez de estar al 110% esten al 70%.
Esta ultima opción es propia de organizaciones preocupadas por el "buen ambiente" de su plantilla. El ejemplo más inmediato es el del Real Madrid. Los jugadores se ponen enfermos, se lesionan, a veces les sacan tarjeta roja y no pueden jugar. ¿cómo se las arregla el entrenador? muy fácil: teniendo banquillo.
¿que eso significa que hay jugadores que no juegan, es decir exceso de capacidad?... evidentemente, pero ese es el precio que hay que pagar para tener un servicio 100% accesible y operativo. Para ser "losmejoresdelmundo" hay que pagarle el hotel a un portero calvo suplente que no juega nunca. Ya va siendo hora de asumirlo.
Me pregunto si existen contratos de 1-2 días para los cirujanos y otros profesionales del orgullo de la corona sanitaria: la organización nacional de trasplantes. ¿tiran allí de banquillo alias guardias localizadas?
Me pregunto por que no existen contratos de 1-2 días para cubrir las vacaciones y congresos de los economistas de la salud. Será que no estan ocupados al 110%.
Amigos dospuntocéricos el buen rollo mola mogollón pero si se trata de "gratis" va siendo hora de que no paguen los de siempre.
Es además un defensor del buenrollismo (o como dice Camilo Erazo en chileno el "buenondaismo"). El buenondaismo es necesario en el trabajo y los que han trabajado conmigo saben que cuando estamos "en harina" (es decir, atendiendo pacientes) soy el más buenrollista de todos.
El problema del buenrollismo gerencialista es que te cuelen gato por liebre y te terminen convenciendo de que criticar es malo, incluso en internet.
Mañez escribe un post que titula "gratis" y donde habla de la importancia de la motivación intrinseca y en definitiva de darnos abrazos y querernos en el trabajo. En cierto modo, o a mi me lo parece, lo que transpira el mensaje es que hablar de dinero "está feo", que eso es muy 1.0 y lo moderno y 2.0 es remunerar con abrazos que ademas (y ese es el truco de magia) son "gratis".
Comento en su blog que a mi me gusta que me motiven con abrazos, pero que mi casero no acepta el pago del alquiler con abrazos y que por tanto tambien necesito dinero. Exijo un salario digno y contratos dignos, como condición preliminar para hablar de abrazos, motivación, misión y compromisos mutuos.
Mañez entonces comenta algo sorprendente (o no tan sorprendente):
"Dr Bonis: siempre que me hablan de los contratos dignos, siempre pongo el mismo ejemplo. Como cubrimos las faltas de asistencia por motivos legales (dias libres, libranzas de guardia, asistencia a congresos, bajas, etc) de los profesionales?
No me gusta nada hacer contratos de un dia, pero incluso teniendo a gente contratada todo el mes que cada dia va a un sitio, necesitamos contratar a otros profesionales por 1 o 2 dias."
Y aquí hemos llegado al nudo gordiano del buenrollismo. Amigos gerentes dospuntocéricos: yo entiendo que quereis dar a la población la maxima accesibilidad, para que puedan acudir al médico a su mayor conveniencia, en horario de mañana y tarde, sin listas de espera, y tener las urgencias funcionando 24 horas y 7 días a la semana. Pero eso tiene un coste.
El coste consiste en que no puedes tener tus recursos al 110% de su capacidad, porque como bien dice Mañez los curritos sanitarios tienen la fea costumbre de ponerse enfermos o querer irse de vacaciones o ver a su familia... o incluso ir a congresos sobre la web 2.0.
Ese coste alguien tiene que asumirlo. Alguien tiene que pagar. Pueden pagar los ciudadanos, que si quieren un servicio "a conveniencia" tendran que pagar más impuestos (o copagos), pueden pagar los médicos con plaza fija (cubriendo a sus compañeros y viendo al doble de pacientes), pueden pagar los jóvenes médicos a base de los contratos basura que Mañez propone como solución. O podrían pagar los gerentes, contratando más gente (o mejorando la eficiencia del sistema) para que en vez de estar al 110% esten al 70%.
Esta ultima opción es propia de organizaciones preocupadas por el "buen ambiente" de su plantilla. El ejemplo más inmediato es el del Real Madrid. Los jugadores se ponen enfermos, se lesionan, a veces les sacan tarjeta roja y no pueden jugar. ¿cómo se las arregla el entrenador? muy fácil: teniendo banquillo.
¿que eso significa que hay jugadores que no juegan, es decir exceso de capacidad?... evidentemente, pero ese es el precio que hay que pagar para tener un servicio 100% accesible y operativo. Para ser "losmejoresdelmundo" hay que pagarle el hotel a un portero calvo suplente que no juega nunca. Ya va siendo hora de asumirlo.
Me pregunto si existen contratos de 1-2 días para los cirujanos y otros profesionales del orgullo de la corona sanitaria: la organización nacional de trasplantes. ¿tiran allí de banquillo alias guardias localizadas?
Me pregunto por que no existen contratos de 1-2 días para cubrir las vacaciones y congresos de los economistas de la salud. Será que no estan ocupados al 110%.
Amigos dospuntocéricos el buen rollo mola mogollón pero si se trata de "gratis" va siendo hora de que no paguen los de siempre.
viernes, 26 de noviembre de 2010
La revolución no va a ser tuiteada
No podrás simplemente quedarte en casa, hermano.
No podrás simplemente darle al botón de encendido, conectarte y al final escaquearte.
No podrás simplemente meterte un chute y pasar de todo,
levantarte a por cerveza durante los anuncios,
porque la revolución no va a ser televisada.
Aunque llevo tiempo dándole vueltas y soltando comentarios sobre el tema, dos recientes posts, uno de Rafa Bravo y otro de Jesús Martinez me han animado a tratar de explicar mi postura sobre "la nueva revolución".
Malcolm Gadwell, afirmaba hace unos días en "The Newyorker" que la próxima revolución no va a ser tuiteada. Su análisis es agudo y merece la pena leer el original en inglés, pero viene a decir lo que hace tiempo que intuyo sin ser capaz de articular en un argumento claro: lo del dospuntocerismo tiene poco de revolucionario (en el sentido de cambiar las estructuras).
Últimamente uno asiste a la proliferación de jornadas "salud 2.0" (incluso en Albacete) donde una serie de personas (que son casi siempre las mismas) nos hablan de "la nueva sanidad", "el empoderamiento", "eres lo que compartes", "vamos a construir un nuevo sistema"... la cosa llega al paroxismo con mensajes donde se hacen homenajes unos a otros, y donde básicamente se congratulan (públicamente) de lo maravillosos que son (o que somos) en una especie de terapia de grupo (que no dudo que necesitemos, ojo).
La consecuencia inmediata de todo esto es que se censura cualquier crítica negativa, cualquier atisbo de "escepticismo". Y no se por qué, a mi esas cosas me dan un poco de grimilla.
Gadwell nos habla de dos tipos de conexiones: las débiles y las fuertes.
En internet uno establece conexiones débiles, es decir se conoce mucha gente, te comunicas con mucha gente... el coste de apoyar una causa (ya sea salvemos a las ballenas o adherirse al manifiesto Abla 2011) es bajo, el coste de dar "un poco de cariño" a la gente de tu "red social" no es muy grande: basta con darle al botoncito de "me gusta" en su foto de facebook, hacer un retweet de alguna frase ingeniosa o felicitar su cumpleaños en su muro.
Distinto es, claro, cuando te toca ir a la fiesta de cumpleaños de una amiga de tu pareja, en una casa que queda a tomar vientos, o quedarte un sábado por la noche con el bebé de tu mejor amiga para que pueda salir a la cena de su empresa. O ponerte a cargar muebles cada vez que tu amigo se muda. Estas últimas son cosas que se hacen por personas donde el vínculo es "fuerte". No es el tipo de vínculos que se crear en internet y las "redes sociales electrónicas".
Gadwell dice, y creo dice con razón, que las redes sociales "débiles" son excelentes para transmitir información, o para buscar trabajo, o para vender libros (o consultoría). Pero cuando se trata de enfrentarse a retos que requieren un sacrificio importante (como cambiar una estructura de poder o un sistema sanitario) las redes sociales "débiles" no son suficientes. Se necesitan redes sociales "fuertes", claramente orientadas a la acción, con miembros dispuestos a realizar sacrificios "reales" (por ejemplo enfrentarse a las estructuras de poder o hacer una huelga), más allá que escribir en un foro o un blog.
En el fondo, para Gadwell, las redes sociales de internet lo que hacen es perpetuar las estructuras actuales, pues la energía y tiempo que dedicamos a alimentar nuestra "red social de Facebook" no se puede dedicar a construir redes sociales "fuertes" y movimientos sociales organizados.
Para cambiar el sistema sanitario no se necesitan idealistas de salón. Hacen falta personas realistas, redes con vínculos fuertes y una estrategia común bien definida.
Y si uno es un profesional sanitario realista y aún no ha abandonado el sistema, solo tiene una opción: estar cabreado.
Cabreado está el Grupo Antiburocracia de Madrid, por ejemplo. Si yo trabajara en la atención primaria me gustaría ver más gente cabreada, plantando cara a la burocracia con firmeza (lo que incluye aguantar insultos de pacientes y agresiones) y menos gente dándose palmaditas en la espalda.
El Grupo Antiburocracia usa internet para intercambiar información, pero sabe que el "buenrollismo" no sirve para cambiar las estructuras... llega un punto en el que hay que plantarse, apagar el ordenador (y el iPhone) y ponerse a pelear.
No podrás simplemente darle al botón de encendido, conectarte y al final escaquearte.
No podrás simplemente meterte un chute y pasar de todo,
levantarte a por cerveza durante los anuncios,
porque la revolución no va a ser televisada.
Aunque llevo tiempo dándole vueltas y soltando comentarios sobre el tema, dos recientes posts, uno de Rafa Bravo y otro de Jesús Martinez me han animado a tratar de explicar mi postura sobre "la nueva revolución".
Malcolm Gadwell, afirmaba hace unos días en "The Newyorker" que la próxima revolución no va a ser tuiteada. Su análisis es agudo y merece la pena leer el original en inglés, pero viene a decir lo que hace tiempo que intuyo sin ser capaz de articular en un argumento claro: lo del dospuntocerismo tiene poco de revolucionario (en el sentido de cambiar las estructuras).
Últimamente uno asiste a la proliferación de jornadas "salud 2.0" (incluso en Albacete) donde una serie de personas (que son casi siempre las mismas) nos hablan de "la nueva sanidad", "el empoderamiento", "eres lo que compartes", "vamos a construir un nuevo sistema"... la cosa llega al paroxismo con mensajes donde se hacen homenajes unos a otros, y donde básicamente se congratulan (públicamente) de lo maravillosos que son (o que somos) en una especie de terapia de grupo (que no dudo que necesitemos, ojo).
La consecuencia inmediata de todo esto es que se censura cualquier crítica negativa, cualquier atisbo de "escepticismo". Y no se por qué, a mi esas cosas me dan un poco de grimilla.
Gadwell nos habla de dos tipos de conexiones: las débiles y las fuertes.
En internet uno establece conexiones débiles, es decir se conoce mucha gente, te comunicas con mucha gente... el coste de apoyar una causa (ya sea salvemos a las ballenas o adherirse al manifiesto Abla 2011) es bajo, el coste de dar "un poco de cariño" a la gente de tu "red social" no es muy grande: basta con darle al botoncito de "me gusta" en su foto de facebook, hacer un retweet de alguna frase ingeniosa o felicitar su cumpleaños en su muro.
Distinto es, claro, cuando te toca ir a la fiesta de cumpleaños de una amiga de tu pareja, en una casa que queda a tomar vientos, o quedarte un sábado por la noche con el bebé de tu mejor amiga para que pueda salir a la cena de su empresa. O ponerte a cargar muebles cada vez que tu amigo se muda. Estas últimas son cosas que se hacen por personas donde el vínculo es "fuerte". No es el tipo de vínculos que se crear en internet y las "redes sociales electrónicas".
Gadwell dice, y creo dice con razón, que las redes sociales "débiles" son excelentes para transmitir información, o para buscar trabajo, o para vender libros (o consultoría). Pero cuando se trata de enfrentarse a retos que requieren un sacrificio importante (como cambiar una estructura de poder o un sistema sanitario) las redes sociales "débiles" no son suficientes. Se necesitan redes sociales "fuertes", claramente orientadas a la acción, con miembros dispuestos a realizar sacrificios "reales" (por ejemplo enfrentarse a las estructuras de poder o hacer una huelga), más allá que escribir en un foro o un blog.
En el fondo, para Gadwell, las redes sociales de internet lo que hacen es perpetuar las estructuras actuales, pues la energía y tiempo que dedicamos a alimentar nuestra "red social de Facebook" no se puede dedicar a construir redes sociales "fuertes" y movimientos sociales organizados.
Para cambiar el sistema sanitario no se necesitan idealistas de salón. Hacen falta personas realistas, redes con vínculos fuertes y una estrategia común bien definida.
Y si uno es un profesional sanitario realista y aún no ha abandonado el sistema, solo tiene una opción: estar cabreado.
Cabreado está el Grupo Antiburocracia de Madrid, por ejemplo. Si yo trabajara en la atención primaria me gustaría ver más gente cabreada, plantando cara a la burocracia con firmeza (lo que incluye aguantar insultos de pacientes y agresiones) y menos gente dándose palmaditas en la espalda.
El Grupo Antiburocracia usa internet para intercambiar información, pero sabe que el "buenrollismo" no sirve para cambiar las estructuras... llega un punto en el que hay que plantarse, apagar el ordenador (y el iPhone) y ponerse a pelear.
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miércoles, 17 de noviembre de 2010
Jornaleros sanitarios
Una abuela recriminaba a su nieta de 30 años que aún estuviese estudiando a costa de vivir en casa de sus padres:
Abuela - "Yo a tu edad ya estaba trabajando"
Nieta - "Y yo a la tuya voy a tener que trabajar"
Hoy he firmado mi primer contrato indefinido (a mis 34 años). Eso sí, ni en el sistema público de salud, ni como médico clínico.
Una de las cosas que me piden en recursos humanos es mi vida laboral. Es conveniente echarle un vistazo para comprender qué hay de verdad en eso de que "faltan médicos" y "la crisis de la atención primaria".

Tras iniciar mi vida laboral en un laboratorio de investigación (1127 días de contrato por obra y servicio) pasé a ser residente (365 + 1096 de contratos renovables anualmente). Luego viene el mundo de las suplencias con 7 contratos de 1 día, 7 contratos de 2 días, 5 contratos de 3 días, 3 contratos de 4 días, y el contrato más largo de 30 días. Esos contratos sirven básicamente para cubrir las vacaciones, días libres, bajas y permisos sin sueldo de los médicos titulares. La situación de temporero puede durar años, y la situación va a empeorar pues la coyuntura económica obliga a disminuir la masa de trabajadores públicos en un 10% a base de no convocar plazas fijas.
Lo mejor que se me ofreció (y todo vía enchufe, nada de bolsas de empleo) fue una baja por maternidad (de 6 meses) firmando contratos renovables cada 3 meses. Por supuesto con este panorama las jóvenes residentes se quedan embarazadas durante su último año de MIR pues luego viene el trabajo de jornalero sanitario y no hay opción.
Así anda el patio.
Abuela - "Yo a tu edad ya estaba trabajando"
Nieta - "Y yo a la tuya voy a tener que trabajar"
Hoy he firmado mi primer contrato indefinido (a mis 34 años). Eso sí, ni en el sistema público de salud, ni como médico clínico.
Una de las cosas que me piden en recursos humanos es mi vida laboral. Es conveniente echarle un vistazo para comprender qué hay de verdad en eso de que "faltan médicos" y "la crisis de la atención primaria".

Tras iniciar mi vida laboral en un laboratorio de investigación (1127 días de contrato por obra y servicio) pasé a ser residente (365 + 1096 de contratos renovables anualmente). Luego viene el mundo de las suplencias con 7 contratos de 1 día, 7 contratos de 2 días, 5 contratos de 3 días, 3 contratos de 4 días, y el contrato más largo de 30 días. Esos contratos sirven básicamente para cubrir las vacaciones, días libres, bajas y permisos sin sueldo de los médicos titulares. La situación de temporero puede durar años, y la situación va a empeorar pues la coyuntura económica obliga a disminuir la masa de trabajadores públicos en un 10% a base de no convocar plazas fijas.
Lo mejor que se me ofreció (y todo vía enchufe, nada de bolsas de empleo) fue una baja por maternidad (de 6 meses) firmando contratos renovables cada 3 meses. Por supuesto con este panorama las jóvenes residentes se quedan embarazadas durante su último año de MIR pues luego viene el trabajo de jornalero sanitario y no hay opción.
Así anda el patio.
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sábado, 6 de noviembre de 2010
viernes, 5 de noviembre de 2010
Estuvo con fiebre pero ahora ya no
Dedicado a todas esas madres que traen a sus niños a la consulta porque "tuvo tos y fiebre la semana pasada, pero ahora ya está bien":
Como amargarle la vida a su médico de cabecera
Visto y leido en MEDFAM:
En el siguiente texto describo, paso a paso, la mejor manera de amargarle el día a su médico y/o pediatra de cabecera. Fácil y cómodo.
1. Cuando llegue a la consulta abra la puerta, sin llamar, y pregunte si está apuntado en la lista.
2. En caso de que el médico tenga la suerte de tener la lista a mano y la paciencia de buscarlo, pregunte por qué aún no le han llamado, aunque llegue con media hora de adelanto.
3. Si lo que encuentra es una mujer, pregunte dónde está el médico.
4. También puede decirle a la mujer que si es ahí donde dan las citas.
5. Cada vez que la puerta se abra para que un paciente entre o salga, asome la cabeza con cara de "¿aún no me toca?"
6. En la sala de espera critique a la seguridad social y a los médicos en voz alta y clara para que se le oiga desde dentro.
7. Es un puntazo decir que el sueldo de todos los que estamos allí los paga usted directamente. Sobre todo no mencione que el médico paga también impuestos y a la seguridad social.
8. Es también muy efectivo decir que el médico anterior, ya jubilado, era mucho mejor que el actual. Y, además, le hacía todas las recetas que quería.
9. Si va a la consulta del pediatra, lleve a la abuela del niño. Si su intención no es amargarle, sino que directamente le odia, lleve a las dos abuelas.
10. Cuando entre en la consulta y le pregunten qué le pasa, diga eso de.... no sé, usted es el médico ¿no?.
11. Nunca vaya directo al grano: empiece desde que notó un primer síntoma, quince años antes, aunque no tenga nada que ver con su enfermedad actual.
12. Si le preguntan si toma medicación, diga que unas pastillitas blancas, redondas.
13. Deje encima de la mesa un fajo tremendo de folios con lo que haya encontrado en Internet sobre sus síntomas.
14. Cuando vaya a revisión, diga que el tratamiento no le ha hecho absolutamente nada, aunque se le hayan ido la fiebre, la tos, la halitosis, y haya encontrado novia.
15. El fonen del pediatra, no está ahí para auscultar, sino para que el niño le arranque las orejas, con el consiguiente regocijo. Suyo, y de las dos abuelas.
16. Cuando su hijo desconecte el cable del ordenador, remárquele al pediatra lo avispado que está para su edad.
17. Insista en que el niño no come, aunque rebose por los dos lados de la camilla y lleve en el carro cuatro paquetes de gusanitos.
18. Su madre y su suegra saben más que el pediatra. Y al niño siempre le hacen falta vitaminas.
19. Cuando vea que el médico está a punto de despedirle, diga las palabritas mágicas: y de paso, ya que estoy aquí.....
20. Cuando el médico le paute un tratamiento, pregunte : ¿y esto no será malo?
21. Ponga siempre mala cara cuando le receten un genérico. Todo el mundo sabe que son peores que los de marca.
22. Si le pautan el medicamento de marca, más caro, ponga también mala cara. Claro, como el que paga es el contribuyente.
- No conteste directamente a ninguna de las preguntas que le haga el médico, no colabore en la exploración, e incluso exagere los síntomas y mienta, para demostrarle lo preocupado que está por tu salud.
- Pídale al médico la receta de Augmentine que le ha prescrito el veterinario a su perro
- Cuando salga de la consulta, tras haber ocupado el tiempo de ocho personas, y del café del médico, y llevando en la mano trece hojas de remisión al especialista, diga en voz muy alta: "Nada, lo de siempre, se pasan la pelota de unos a otros"
En el siguiente texto describo, paso a paso, la mejor manera de amargarle el día a su médico y/o pediatra de cabecera. Fácil y cómodo.
1. Cuando llegue a la consulta abra la puerta, sin llamar, y pregunte si está apuntado en la lista.
2. En caso de que el médico tenga la suerte de tener la lista a mano y la paciencia de buscarlo, pregunte por qué aún no le han llamado, aunque llegue con media hora de adelanto.
3. Si lo que encuentra es una mujer, pregunte dónde está el médico.
4. También puede decirle a la mujer que si es ahí donde dan las citas.
5. Cada vez que la puerta se abra para que un paciente entre o salga, asome la cabeza con cara de "¿aún no me toca?"
6. En la sala de espera critique a la seguridad social y a los médicos en voz alta y clara para que se le oiga desde dentro.
7. Es un puntazo decir que el sueldo de todos los que estamos allí los paga usted directamente. Sobre todo no mencione que el médico paga también impuestos y a la seguridad social.
8. Es también muy efectivo decir que el médico anterior, ya jubilado, era mucho mejor que el actual. Y, además, le hacía todas las recetas que quería.
9. Si va a la consulta del pediatra, lleve a la abuela del niño. Si su intención no es amargarle, sino que directamente le odia, lleve a las dos abuelas.
10. Cuando entre en la consulta y le pregunten qué le pasa, diga eso de.... no sé, usted es el médico ¿no?.
11. Nunca vaya directo al grano: empiece desde que notó un primer síntoma, quince años antes, aunque no tenga nada que ver con su enfermedad actual.
12. Si le preguntan si toma medicación, diga que unas pastillitas blancas, redondas.
13. Deje encima de la mesa un fajo tremendo de folios con lo que haya encontrado en Internet sobre sus síntomas.
14. Cuando vaya a revisión, diga que el tratamiento no le ha hecho absolutamente nada, aunque se le hayan ido la fiebre, la tos, la halitosis, y haya encontrado novia.
15. El fonen del pediatra, no está ahí para auscultar, sino para que el niño le arranque las orejas, con el consiguiente regocijo. Suyo, y de las dos abuelas.
16. Cuando su hijo desconecte el cable del ordenador, remárquele al pediatra lo avispado que está para su edad.
17. Insista en que el niño no come, aunque rebose por los dos lados de la camilla y lleve en el carro cuatro paquetes de gusanitos.
18. Su madre y su suegra saben más que el pediatra. Y al niño siempre le hacen falta vitaminas.
19. Cuando vea que el médico está a punto de despedirle, diga las palabritas mágicas: y de paso, ya que estoy aquí.....
20. Cuando el médico le paute un tratamiento, pregunte : ¿y esto no será malo?
21. Ponga siempre mala cara cuando le receten un genérico. Todo el mundo sabe que son peores que los de marca.
22. Si le pautan el medicamento de marca, más caro, ponga también mala cara. Claro, como el que paga es el contribuyente.
- No conteste directamente a ninguna de las preguntas que le haga el médico, no colabore en la exploración, e incluso exagere los síntomas y mienta, para demostrarle lo preocupado que está por tu salud.
- Pídale al médico la receta de Augmentine que le ha prescrito el veterinario a su perro
- Cuando salga de la consulta, tras haber ocupado el tiempo de ocho personas, y del café del médico, y llevando en la mano trece hojas de remisión al especialista, diga en voz muy alta: "Nada, lo de siempre, se pasan la pelota de unos a otros"
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jueves, 4 de noviembre de 2010
El dato que cambiaba todo
El joven médico de familia estaba aquella semana de infiltrado.
Pasaba la consulta de pediatria de un centro de salud en un barrio popular donde vivían los nadie.
Uno de esos barrios que según Galeano no figuran en la historia universal sino en la crónica roja de la prensa local. Uno de esos barrios en cuyas casas no hay cámaras de seguridad sino las cámaras de "Callejeros".
El joven médico de familia ojeaba abrumado los párrafos del informe de alta del hospital. Frente a el un matrimonio joven y un niño prematuro que parecía un cogollo de lechuga a punto de romperse.
Afuera esperaban in-pacientes 5 niños con mocos, 4 con "parece que quiere hacer fiebre" y otros tantos con "es que no me come nada a ver si le da unas vitaminas".
Pero el niño cogollo parecía importante así que el joven médico de familia propuso a la joven pareja quedarse con el informe, estudiárselo a fondo y citarles para el día siguiente al final de la consulta para poder dedicarles todo el tiempo necesario.
Una vez terminada la consulta de los mocos que se bajan al pecho el joven medico escrutó el informe tratando de hacerse una composición de lugar.
El informe era prolijo en datos. Tras leerlo uno se enteraba de la malformación congénita que obligo a intervenir al niño cogollo dentro del propio utero materno, con detalles sobre la posicion del cateter, la dosis de antibiotico prenatal administrado, el Apgar al minuto y a los 5 y los 10 minutos... incluso uno se enteraba de que el niño orinó 260 mililitros durante sus primeras 24 horas de vida y de la concentración de creatinina, Calcio y pH de aquel liquido elemento.
Tras leer el informe, el joven medico de familia se quedó con la sensación de que faltaba algo. Había un dato que se omitía en aquella historia, un dato que marcaba las probabilidades de supervivencia del niño cogollo. Un dato que lo cambiaba todo, un dato que era realmente clave, un dato que había hecho saltar las alarmas inconscientes del joven médico de familia.
El dato que explicaba por qué el niño cogollo había tardado 15 dias en acudir a un centro de salud tras salir del hospital pese a nacer con un kilo y medio y estrenar sus primeros 20 días de vida ingresado en una UVI, mientras la sala de espera estaba llena de niños con mocos que acudían incluso antes de tener mocos porque sus padres habían leido algo en internet sobre la bronquiolitis como buenos "usuarios empoderados dospuntocero".
El joven medico de familia se pregunto a si mismo como habia obtenido aquel dato sin disponer de ecografos ni de pruebas de medicina nuclear. Y se sorprendio al percatarse de que lo habia echo mirando a la sonrisa de la madre del niño cogollo. Y más concretamente a sus dientes; o mejor dicho a la falta de ellos.
El joven médico de familia, apunto entonces en la cabecera de la historia el dato que lo cambiaba todo: "diagnostico social: pobreza"
Pasaba la consulta de pediatria de un centro de salud en un barrio popular donde vivían los nadie.
Uno de esos barrios que según Galeano no figuran en la historia universal sino en la crónica roja de la prensa local. Uno de esos barrios en cuyas casas no hay cámaras de seguridad sino las cámaras de "Callejeros".
El joven médico de familia ojeaba abrumado los párrafos del informe de alta del hospital. Frente a el un matrimonio joven y un niño prematuro que parecía un cogollo de lechuga a punto de romperse.
Afuera esperaban in-pacientes 5 niños con mocos, 4 con "parece que quiere hacer fiebre" y otros tantos con "es que no me come nada a ver si le da unas vitaminas".
Pero el niño cogollo parecía importante así que el joven médico de familia propuso a la joven pareja quedarse con el informe, estudiárselo a fondo y citarles para el día siguiente al final de la consulta para poder dedicarles todo el tiempo necesario.
Una vez terminada la consulta de los mocos que se bajan al pecho el joven medico escrutó el informe tratando de hacerse una composición de lugar.
El informe era prolijo en datos. Tras leerlo uno se enteraba de la malformación congénita que obligo a intervenir al niño cogollo dentro del propio utero materno, con detalles sobre la posicion del cateter, la dosis de antibiotico prenatal administrado, el Apgar al minuto y a los 5 y los 10 minutos... incluso uno se enteraba de que el niño orinó 260 mililitros durante sus primeras 24 horas de vida y de la concentración de creatinina, Calcio y pH de aquel liquido elemento.
Tras leer el informe, el joven medico de familia se quedó con la sensación de que faltaba algo. Había un dato que se omitía en aquella historia, un dato que marcaba las probabilidades de supervivencia del niño cogollo. Un dato que lo cambiaba todo, un dato que era realmente clave, un dato que había hecho saltar las alarmas inconscientes del joven médico de familia.
El dato que explicaba por qué el niño cogollo había tardado 15 dias en acudir a un centro de salud tras salir del hospital pese a nacer con un kilo y medio y estrenar sus primeros 20 días de vida ingresado en una UVI, mientras la sala de espera estaba llena de niños con mocos que acudían incluso antes de tener mocos porque sus padres habían leido algo en internet sobre la bronquiolitis como buenos "usuarios empoderados dospuntocero".
El joven medico de familia se pregunto a si mismo como habia obtenido aquel dato sin disponer de ecografos ni de pruebas de medicina nuclear. Y se sorprendio al percatarse de que lo habia echo mirando a la sonrisa de la madre del niño cogollo. Y más concretamente a sus dientes; o mejor dicho a la falta de ellos.
El joven médico de familia, apunto entonces en la cabecera de la historia el dato que lo cambiaba todo: "diagnostico social: pobreza"
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