"El profesional suele buscar un terreno elevado y sólido para hacer uso efectivo de la teoría y las técnicas basadas en la investigación. La dificultad es que los problemas del “terreno elevado” suelen carecer de interés para los pacientes, para la sociedad. Para que el profesional encuentre problemas relevantes debe descender a los terrenos bajos y pantanosos donde las situaciones son oscuros revoltijos sin posible solución técnica. Este terreno es la práctica clínica." Abel Novoa. La momia que habla.
“Quien crea que la ciencia puede sustituir con su innegable competencia a la razón práctica y a la racionalidad política desconoce la fuerza conformadora de la vida humana, que es la única capaz, a la inversa, de utilizar con sentido e inteligencia la ciencia como cualquier otra facultad humana y de garantizar esa utilización”. Hans-Georg Gadamer. "Verdad y Método"
domingo, 27 de marzo de 2011
viernes, 25 de marzo de 2011
jueves, 24 de marzo de 2011
¡Venid que hay porros!
Video de Muamar el Gadafi de 2005... ¡parece que fue ayer cuando me veía estos videos en Paramount Comedy saliente de guardia de R1!.
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domingo, 20 de marzo de 2011
Las dos chinas
Una foto de mi reciente viaje a China. Un pais asombroso, inmerso en un cambio social y económico acelerado que ya está impactando en nuestras propias economías.
China no es una economía emergente, es una economía re-emergente. En 1820 contribuía al 30% del producto interior bruto mundial. En los años 70 cayó al 5%. Hoy "solamente" al 18% (con un 19% de la población mundial).
El tonto y la luna
"Cuando el sabio señala la luna, el tonto se fija en el dedo"
Algunas opiniones de los responsables de recursos humanos del sistema sanitario no tienen desperdicio:
"Los famosos principios de igualdad, mérito y capacidad para el acceso a un puesto de trabajo en la administración pública (artículos 23 y 103.3 de la Constitución) pueden acabar volviéndose en contra de la eficiencia y de la lógica. Veamos un ejemplo:
Un centro de salud se plantea la necesidad de contratar un enfermero para una sustitución de 3 meses. Se pide a la bolsa de trabajo y remiten a un candidato (enfermero A) que lleva 12 años trabajando en hospital (en UCI). Este profesional se incorpora al puesto, pero su adaptación al trabajo en atención primaria es muy lenta y cesa antes de desempeñar su trabajo en condiciones."
¿La solución de los responsables?... aquí la tienen: "Lógicamente hay que luchar contra la arbitrariedad en la contratación temporal, pero la rigidez normativa acaba provocando situaciones tan extrañas y kafkianas como la descrita, extraída de la vida real."
Pretenden que miremos al dedo, como los tontos. Pero mejor miremos a la luna.
El problema no es la "rigidez normativa", el problema es que contratan al enfermero durante solo 3 meses. Es decir, gestionan los recursos humanos del hospital como si los enfermeros fueran recolectores de fresas o camareros de chiringuito de playa.
De modo que el enfermero con contrato basura no tiene tiempo para recorrer su curva de aprendizaje y empezar a ser productivo.
Ante esta realidad el responsable de recursos humanos responderá: "los contratos temporales (basura) son necesarios, porque hay que cubrir las vacaciones del personal fijo". Y de nuevo nos tomará por tontos pretendiendo que miremos al dedo en vez de a la luna.
Si gestionas una organización que quiere dar un servicio 365 días al año, 24 horas al día y tienes gran variabilidad en la demanda no te queda otra de dimensionar las plantillas fijas adecuadamente, de tal manera que "preveas" las vacaciones, bajas e imprevistos del personal, de modo que la plantilla fija sea capaz de cubrir las vacaciones y bajas a las que tiene derecho.
La contratación temporal en sanidad es un fraude de ley, porque cubre necesidades que no son "temporales" o "extraordinarias", sino necesidades contínuas, estructurales y repetidas en el tiempo (ocurren todos los años en verano y navidad).
Sus pésimas políticas de recursos humanos son fábricas de precariedad laboral y además son peligrosas para la salud.
Ahora pretenden que como los tontos, miremos al dedo y creamos que el problema es que no pueden dar contratos basura discrecionalmente.
sábado, 5 de marzo de 2011
Urticarias por cancamusa
Dedicado a JJ Bilbao, un extracto de un artículo que seguro encontrará inspirador. Y es que JJ Bilbao es perro viejo, y conoce bien el olor de la cancamusa:
En España nos encanta el éxito, el propio y el ajeno. Faltaría más. Lo que no nos gusta tanto es el cantamañanismo. España es un país con una larga historia de orgullo obrero; aquí sabemos que la riqueza sale de la tierra y el sudor. No atamos los perros con longaniza, no somos un imperio de economía piramidal con tanques allí donde hay petróleo cuya población civil pueda ni quiera permitirse el lujo de vivir alienada pensando que es más guapa y más lista. Aquí la mayoría sudamos hasta el último céntimo de nuestras hipotecas y sabemos lo que vale un peine y lo que cuesta ganar el pan de nuestros hijos. Aquí sabemos que el dinero no sale de debajo de las piedras si no es con mucha paciencia y un arado, y que, tarde o temprano, los excesos de unos los tendremos que pagar todos. Consideramos inmoral vivir del aire, y no nos fiamos de los charlatanes que pretenden que invirtamos nuestra pasta en negocios basados en la economía de la cancamusa.
¿Qué es la cancamusa? La cancamusa es eso que es más complicado de lo que parece, eso que ni usted ni yo sabemos porque no somos expertos en nueva economía; la cancamusa es eso en lo que se basan los discursos inspiradores, son esos datos que manejan los expertos y que resultan incomprensibles a los mortales. Esas cuentas internas, esa carta sin levantar que permite al jugador de póker ir de farol. La cancamusa es esa nube en la que flotan los gurús muy por encima de usted y yo.
La cancamusa es la razón por la que los pisos nunca bajan, los sellos se revalorizan un 400% al año y el crecimiento exponencial es perpetuo. La cancamusa es esa parte de la ecuación que cuando se elimina, uno lo ve claro y concluye: “cojones, esto es un timo”. De la RAE: “Cancamusa: 1. f. coloq. desus. Dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto”. Y resulta que en este país, muy en particular los que tenemos más de treinta hemos aprendido a separar la cancamusa del grano y ya no nos la meten doblada.
Al calor de la cancamusa los egos engordan una barbaridad, y eso es lo que a muchos nos toca las narices. Es normal que la directiva pretenda proyectar una imagen de éxito. Pero con frecuencia los empleados de chiringuitos se endiosan hasta el punto de no ver más allá de su propio centro de gravedad (localizado en el ombligo o en el agujero del culo, depende). “He triunfado, soy el más listo del pueblo”.
Ellos se relamen gustosos el centro de gravedad, se consideran triunfadores, y tratan con cierto desdén a los que nos sudamos el jornal. Son arrogantes mientras dura la sopa boba; creen elevarse por encima de los mortales flotando en su nube de cancamusa. Se acaban creyendo la propaganda y, como Narciso, se enamoran de su reflejo en un PowerPoint y pierden absolutamente la perspectiva.
Uno se deja llevar por los cantos de sirena hasta tal punto que ya es incapaz de aceptar la más mínima crítica aunque sea constructiva, esté respaldada por la experiencia y sea con la mejor intención (“cuidado con este, primo, que se sabe desde hace mucho de qué palo va”). Uno se aferra a su delirio y atribuye toda opinión contraria a la vil envidia, rechaza a las personas críticas y se rodea de crédulos y lameculos. Se vuelve paranoico e imagina conspiraciones y persecuciones: “me odian porque soy más guapo y más listo”. A los demás se los considera necios, y se aplica el “a palabras necias, comentarios moderados”. En esta tesitura se encuentra un elevado porcentaje de la web 2.0. Es casi locura colectiva, y la sintomatología es muy clara: si uno no soporta la crítica es que algo anda mal en la psique.
Eso sí, tengo la agradable sensación de que, a costa de darnos de bruces con la realidad, estamos recuperando lentamente el sentido común. En breve todos los charlatanes habrán quedado en evidencia y no nos la volverán a dar con cancamusa.
En España nos encanta el éxito, el propio y el ajeno. Faltaría más. Lo que no nos gusta tanto es el cantamañanismo. España es un país con una larga historia de orgullo obrero; aquí sabemos que la riqueza sale de la tierra y el sudor. No atamos los perros con longaniza, no somos un imperio de economía piramidal con tanques allí donde hay petróleo cuya población civil pueda ni quiera permitirse el lujo de vivir alienada pensando que es más guapa y más lista. Aquí la mayoría sudamos hasta el último céntimo de nuestras hipotecas y sabemos lo que vale un peine y lo que cuesta ganar el pan de nuestros hijos. Aquí sabemos que el dinero no sale de debajo de las piedras si no es con mucha paciencia y un arado, y que, tarde o temprano, los excesos de unos los tendremos que pagar todos. Consideramos inmoral vivir del aire, y no nos fiamos de los charlatanes que pretenden que invirtamos nuestra pasta en negocios basados en la economía de la cancamusa.
¿Qué es la cancamusa? La cancamusa es eso que es más complicado de lo que parece, eso que ni usted ni yo sabemos porque no somos expertos en nueva economía; la cancamusa es eso en lo que se basan los discursos inspiradores, son esos datos que manejan los expertos y que resultan incomprensibles a los mortales. Esas cuentas internas, esa carta sin levantar que permite al jugador de póker ir de farol. La cancamusa es esa nube en la que flotan los gurús muy por encima de usted y yo.
La cancamusa es la razón por la que los pisos nunca bajan, los sellos se revalorizan un 400% al año y el crecimiento exponencial es perpetuo. La cancamusa es esa parte de la ecuación que cuando se elimina, uno lo ve claro y concluye: “cojones, esto es un timo”. De la RAE: “Cancamusa: 1. f. coloq. desus. Dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto”. Y resulta que en este país, muy en particular los que tenemos más de treinta hemos aprendido a separar la cancamusa del grano y ya no nos la meten doblada.
Al calor de la cancamusa los egos engordan una barbaridad, y eso es lo que a muchos nos toca las narices. Es normal que la directiva pretenda proyectar una imagen de éxito. Pero con frecuencia los empleados de chiringuitos se endiosan hasta el punto de no ver más allá de su propio centro de gravedad (localizado en el ombligo o en el agujero del culo, depende). “He triunfado, soy el más listo del pueblo”.
Ellos se relamen gustosos el centro de gravedad, se consideran triunfadores, y tratan con cierto desdén a los que nos sudamos el jornal. Son arrogantes mientras dura la sopa boba; creen elevarse por encima de los mortales flotando en su nube de cancamusa. Se acaban creyendo la propaganda y, como Narciso, se enamoran de su reflejo en un PowerPoint y pierden absolutamente la perspectiva.
Uno se deja llevar por los cantos de sirena hasta tal punto que ya es incapaz de aceptar la más mínima crítica aunque sea constructiva, esté respaldada por la experiencia y sea con la mejor intención (“cuidado con este, primo, que se sabe desde hace mucho de qué palo va”). Uno se aferra a su delirio y atribuye toda opinión contraria a la vil envidia, rechaza a las personas críticas y se rodea de crédulos y lameculos. Se vuelve paranoico e imagina conspiraciones y persecuciones: “me odian porque soy más guapo y más listo”. A los demás se los considera necios, y se aplica el “a palabras necias, comentarios moderados”. En esta tesitura se encuentra un elevado porcentaje de la web 2.0. Es casi locura colectiva, y la sintomatología es muy clara: si uno no soporta la crítica es que algo anda mal en la psique.
Eso sí, tengo la agradable sensación de que, a costa de darnos de bruces con la realidad, estamos recuperando lentamente el sentido común. En breve todos los charlatanes habrán quedado en evidencia y no nos la volverán a dar con cancamusa.
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