martes, 14 de febrero de 2012

Un lugar privilegiado de la esperanza humana





"Estos son momentos de crisis y desconcierto. ¡Nunca! Nunca, es decir, desde el 9 de mayo de 1950, cuando el mundo escuchó el mensaje profético de ese hombre humilde que era Robert Schuman, ¡nunca Europa ha estado tan mal!.

Sí, Europa está humillada, sin visión clara de su porvenir, entre el riesgo de descomponerse, el anuncio de años y años de vacas flacas y, sin embargo, un resto de esperanza emerge bajo negras cenizas... Esta es nuestra Europa, de la cual estábamos dispuestos a decir, hace menos de seis años, en el preámbulo del proyecto de Constitución, que era "un lugar privilegiado de la esperanza humana". Y es esta la Europa que hoy muchos ven como el continente enfermo del mundo, de la misma manera que nuestros abuelos veían a Turquía, en tiempos de la agonía del Imperio otomano, como el "hombre enfermo de Europa".

Y aquí estamos, a la cabecera de esta agónica Europa. ¿Será esto el principio del fin? Yo, amigos, no puedo conformarme; no podemos conformarnos. Es urgente preguntarnos cómo convertir lo que podría ser el principio del fin, en tiempos de comienzos, cómo cambiar de rumbo, cómo restablecer una confianza básica de Europa en sí misma y en su futuro. Hagámoslo juntos.

Siendo tal el drama en que vivimos, lo más lógico me parece empezar por recordar los fundamentos de nuestra unión y examinar en conciencia lo que hemos hecho de ellos. Esto obviará un doble imperativo: replantear concretamiente o, mejor dicho, rearraigarnos en estos fundamentos y afianzar - en estas bases - nuestra relevancia en el mundo. Les propongo esta reflexión a los europeos y al resto del mundo para apoyarnos en el camino cuesta arriba que nos toca emprender en los años venideros.

¿Qué hicimos de nuestros fundamentos?

La respuesta es obvia. En gran parte, los hemos olvidado. Vale la pena, pues, recordarlos y tratar de comprender de qué manera los hemos abandonado. [...]
¿Qué valores nos unieron? Claramente, primero paz y libertad. 60 años de paz son el inmenso logro de la construcción europea, logro extendido, con Europa Central y Oriental, a todo el continente. A ello se añade "la unión más estrecha entre los pueblos", culminando en el concepto de ciudadanía europea y llegando hasta a inventar, con el método comunitario para la búsqueda del bien común, una contribución original y eficaz a la vida internacional y al multilateralismo del cual la Unión es "uno de los ejemplos más logrados". Sobre estas bases, Europa se ha establecido como una gran "potencia económica y monetaria" permitiéndole ser reconocida y desempeñar sus responsabilidads a nivel global mucho más eficientemente que por la actuación dispersa de sus miembros: así emerge un valor de responsabilidad global que nos toca ejercer.
Más profundamente, el fundamento básico de la Unión en el respeto de la dignidad humana explica los otros valores que integra, incluso el respeto de los derechos humanos. [..] Con ellos, la tolerancia y solidaridad en el interior de la Unión reflejan un concepto de "destino compartido" y también de solidaridad con el mundo, ilustrada en el hecho de que "la Unión gestiona el mayor presupuesto humanitario del mundo...".

Conjuntamente estos valores constituyen el tesoro común y el fundamento de la Unión. Pero, para darles vida, dos principios fundamentales deberían presidir la vida de esta: el principio democrático en el ámbito político y la economía social de mercado en el ámbito económico. Al dejar que ambos se debilitasen, hemos expuesto a grandes riesgos nuestros valores y nuestro futuro común.

Dejando que la tecnocracia sustituyera a la ambición democrática.

Pasado el entusiasmo de los primeros años, hemos abandonado a Europa a los especialistas encargados de la vida de sus instituciones, acutando como si su desarrollo y profundización fluyeran solos y considerando a Bruselas como "una vaca por ordeñar". Decíamos en 2007: "en una sociedad inquieta ante los desafíos de la globalización y del mediambiente, frente a un paro estructural y una población que envejece, hay una tendencia a acusar a la tecnoestructura europea de las dificultades que han aparecido.[..]
¡No podemos continuar así! La democracia europea, a pesarde la gran labor que se lleva a cabo en el Parlamento Europeo, está pendiente de construcción, empezando por una fuerte participación ciudadana a sus comicios y proporcionando a los ciudadanos los medios para comprender la democracia europea y actuar dentro de ella. Pero aún hay más.

Dejando al utilitarismo corroer la economía social de mercado, hemos dejado a una ideología neoliberal y utilitarista mermar, poco a poco, conceptos básicos de la economía social de mercado. Concebida en los años cincuenta por unos poíticos salidos en su mayoría de la Democracia Cristiana y de la Social Democracia, la comunidad está marcada por una solidaridad que refleja el "destino compartido". Su filosofía ha sido, y sigue siendo, la de la economía social de mercado que, según modalidades que varían de unos paises a otros, establece un vínculo estrecho entre lo económico y los social. Es esta filosofía la que se ha visto, poco a poco, parcialmente al menos, sustituida por un mero utilitarismo. [..]

El pocas palabras, esta crisis financiera en Europa, como en otras partes, es también, y quizá ante todo, un desastre ético, y todos, de alguna manera, hemos sido partícipes de él. No conseguiremos sobrepasarla sin emprender profundos cmabios en nuestros comportamientos colectivos, regresando para ello a nuestros fundamentos.

Ante las ruinas dejadas por una cultura y un sistema económico que solo consideraba al ser humano como producto, consimor y/o ahorrador, por una cultura empresarial, cuyo objetivo era la ganancia más inmediata a más corto plazo, lo que si recuerdo bien, se condenaba en España como cultura del "pelotazo". Solo existe una salida sostenible si se logra generar una nueva cultura basada nada menos que en un nuevo humanismo, orientando nuestras sociedades de manera cabal y compartida hacia comportamientos conformes a nuestros valores. [..]

A ustedes, hermanos europeos, no puedo sino sugerirles lo que los admirables alpinistas españoles saben muy bien: que en circunstancias difíciles hay que saber escoger la salida por arriba. Esto requiere fortaleza, energía y coraje. Estamos llamados todos. Solo así la construcción europea volverá a ser para los ciudadanos lo que nunca debió dejar de ser: una fuente legítima y duradera de seguridad y el fundamento de un legítimo orgullo y de una gran esperanza."

Michel Camdessus. Gobernador honorario del Banque de France y exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional. Revista de antiguos alumnos IESE. Enero 2012.

5 comentarios:

  1. Bueno, un gran europeísta, no cabe duda. Ex-pez gordo, y no tan flaco actualmente, seguro. No sé qué decir, el mundo es más grande que Europa, y al mismo tiempo se hace cada vez más pequeño para contener tanta basura generada, material, y también ética. Un capitalismo mundial exige cambios de rumbo mundiales, y mientras unos lucen la pana, los que cardan la lana se ven cada vez más criminalizados, ninguneados, abandonados a su suerte, sin más esperanza que la solidaridad de tú a tú, para el que tenga la suerte de disfrutar de redes sociales sólidas, con alguien estable económicamente, de momento, o con una capacidad de entusiasmo permanente, cotidiana, creativa (cayendo cuando toque, llorando también, pero con obstinación de levantarse las veces que hagan falta). Los que tengan esto, serán lo suficientemente solidarios para compartirlo, difundirlo y contagiarlo. Pero también hace falta receptividad.
    El pesimismo no es un optimismo mal informado, es la disculpa perfecta para no hacer nada, amparándose en el argumento de que todo esfuerzo es inútil. (Y el pesimismo es la ideología más cómoda en tiempos de crisis, y la que mejor se manipula desde arriba)
    Te recomiendo un libro que me gustó mucho: La mirada social, de Alaine Touraine.

    Bueno, me voy a dormir. Es posible que mañana pasen (más) cosas, siempre es así.

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  2. Europa se está convirtiendo en una extensión de aquel tercer mundo endeudado hasta el punto de tener que dedicar su PIB a simplemente pagar los intereses de una deuda imparable. Y esa deuda tarde o temprano se la vamos a empezar a pagar a unos señores con los ojos casi cerrados. Las tornas están cambiando, y ahora no esperemos que nuestros acreedores tengan la compasión que nosotros no tuvimos con nuestros antiguos deudores.

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  3. Doctor Hyde, eso me recuerda a la teoría de la globalización concéntrica que leí una vez... venía a decir que las dinámicas de libre mercado de capitales generan centros de riqueza económica rodeados de amplias áreas de pobreza, tanto a nivel "micro" (ciudades con centros ricos y periferías pobres) como a nivel meso (ciudades versus mundo rural) o macro (Occidente rodeado de paises subdesarrollados).

    Yo creo que simplemente conforme la riqueza y el poder fluyen hacia el centro nos estamos quedando en la periferia. Imagino que habrá un punto de equilibrio inestable a partir del cual, si demasiada gente queda en la perifería se sacan las guillotinas, y vuelta a empezar. Las modernas herramientas de control social masivo (medios de comunicación de masas, estructuras financieras, "Estado de derecho", superioridad armamentística del Estado frente a la población general desarmada) permiten llevar ese equilibrio más al límite, y así las élites sociales del momento pueden vivir mejor (eso nos incluye, a nivel macro, a los europeos frente a los habitantes del Chad, por supuesto).

    Pero los recursos productivos y el poder económico no se ha "volatilizado", lo que pasa es que se van concentrando cada vez en menos manos. En realidad la deuda se basa en un consenso social sobre el valor del dinero en el futuro. Y los consensos se han roto muchas veces a lo largo de la historia (que se lo digan a los emperadores-dioses de Egipto o a las monarquías absolutistas europeas). Lo que cuenta al final es el control de los recursos (tierra cultivable, agua potable, armas, fuentes de energía, materias primas)...

    Yo creo que como me dijo Tudor Hart, lo que nos va a salvar de una tercera guerra mundial es que ahora hay países con armas atómicas y de destrucción masiva. Pero sospecho que veremos actos terroristas no tardando demasiado.

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  4. Bueno, ahí has dicho muchas cosas y a estas horas de la madrugada no puedo contestar a todo, así que debo centrarme.

    Hablas por ejemplo de las guillotinas. El problema es que hasta hace nada cuando había un problema de este tipo, los rebeldes y los que ostentaban el poder vivían en el mismo espacio (país) y estos últimos tenían cara, nombre y domicilio. Así uno podía salir de casa, coger el trabuco, tomar la Bastilla, asaltar Versalles, tomar el poder y guillotinar a los responsables. Hoy los griegos salen de casa, queman 20 edificios, un centro comercial, ¿y qué? Los responsables no viven allí, están a miles de kilómetros de distancia y ninguno de los rebeldes sabe el nombre de ninguno de ellos, ni dónde buscarlos, ni cómo llegar hasta donde se encuentran y cortarles el gaznate. Es inútil, todo eso no queda más allá de las consecuencias de una algarada y mañana nada. Lo único que puede hacerles daño, como dices al final, el terrorismo. Y en un mundo lleno de armas de destrucción masiva, que Dios nos pille confesados como la próxima generación de terroristas no venga en aviones comerciales.

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  5. Doctor Hyde, completamente de acuerdo. También en el tema del terrorismo.

    En cuanto a armas para crear terror en poblaciones enteras, tampoco es tan complicado... mira el aceite de colza y cómo se intoxica a miles de personas con una furgoneta y unas garrafas de aceite.

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