Resistirse a negar la asistencia a población tan desprotegida como el inmigrante sin papeles, empieza a tener tanto mérito que habrá que recogerlo en el curriculum personal de quien tal mérito atesore. Espero que la población no lo olvide.
Tiene aparente lógica proponer que la solidaridad la ejerza cada uno con sus propios recursos, no con los ajenos o los comunes. De igual modo tendría mucha lógica que quienes facilitamos tales recursos con nuestros impuestos (nóminas públicas y transparentes) pudiéramos decidir a qué dedicarlos, o al menos, a qué no dedicarlos. Volvemos a la objeción, en este caso, la objeción fiscal, que nada tiene que ver con la voluntad o intención de no pagar, sino con la voluntad de decidir a qué deberían dedicarse mis impuestos.
¿Utopías? No más que la aplastante realidad, que permite a políticos negarse tres veces a sí mismos pocas madrugadas después de haberse comprometido con los ciudadanos en elecciones libres. Y no solo no pasa nada, es que lo hacen por nuestro bien. Gracias por el esfuerzo.
Leido en MEDFAM y replicado aquí por suscribir la reflexión letra a letra.
martes, 28 de agosto de 2012
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