martes, 30 de octubre de 2012

Una extraña felicidad


El siguiente texto, extraído del libro de N. Bensaid "La Lumiere Medicale", imagina un mundo donde se aplican estrictamente todos los conocimientos médicos, con la finalidad de evitar al máximo la enfermedad, traducción al español Dr Alfredo Zurita

"UNA EXTRAÑA FELICIDAD"

Exactamente a las 6.12, Juan Pedro 881 CVE 75 se despertó, por sí mismo, ya que nadie ahora necesitaba despertadores.
Durante su última estadía (bianual) en EC 17 DBR (Estación de control # 17, división balanceo y revisión, que los nostálgicos apodaban aún La Salpetriére) la sección cronobiológica había puesto a punto sus ritmos.

La duración de sueño que él necesitaba era exactamente 7 horas y 40 minutos. Con una condición no obstante: que este sueño comenzara y finalizara en horario fijo, un desplazamiento con relación a este ciclo natural descomponía todo. Por lo tanto se dormía todas las noches entre las 22.30 y 22.35 y se despertaba todas las mañanas entre 6.10 y 6.15

Este horario correspondía naturalmente a la hora biológica, que no se correspondía más que casualmente con la hora convencional, que obedecía a exigencias y comodidades de otra naturaleza

Todos los relojes tenían ahora los dos horarios. Por otra parte se admitía un margen de algunos minutos, tanto al dormirse como al despertarse, ya que fenómenos aún poco conocidos como los pequeños movimientos de la tierra en relación al sol podían intervenir en forma imprevista

Fijar un horario demasiado rígido no hubiese considerado esto, y suponía el riesgo de provocar un desajuste global de los ritmos biológicos, perjudicial para el equilibrio y la salud. Estos cinco minutos de tolerancia parecían suficientes

Antes de levantarse de su cama - una delgada capa de goma espuma sobre soporte rígido - JP8 (abreviatura admitida de su identificación) hizo, para eliminar los últimos vestigios de equilibrio-sueño que subsistían en su sistema de regulación, los 17 movimientos de recuperación que se le habían prescripto: estiramientos metódicos de los miembros, movimientos respiratorios, extensiones vertebrales, etc. Tomó enseguida una ducha: 12 minutos a 24 grados, sin jabón ni shampoo

La ausencia de polución hacía inútil una limpieza profunda de los tegumentos y faneras. Con una ducha cotidiana se mantenía una limpieza suficiente, sin alterar con agresiones químicas ó mecánicas, la protección que piel y cabellos deben a sus secreciones naturales. La dentadura justificaba una acción más agresiva: jet-cepillo y dentífrico fluorado, pero no la barba que no era jamás afeitada al ras, sino cortada a 1/4 de mm de la piel para respetar la integridad de la protección epidérmica

Las coqueterías pilosas (barba, bigote, pelo largo) estaban excluidas desde hacía mucho tiempo, por absurdas y no higiénicas. Hecho esto se vistió.

En materia de vestimenta se admitía en principio cualquier fantasía
Las únicas reglas impuestas eran la prohibición de todo aquello que podía dificultar la fisiología: nada de cinturones ni medias ajustadas, nada de pantalones que comprimieran la pelvis y el abdomen, ajustados entre las piernas, nada de calzado antinatural, puntiagudos ó de taco alto, nada de tejido sintético ó teñido químicamente

Aunque la vigilancia sobre todas estas reglas era muy laxa. Se pensaba que a nadie se le ocurriría contravenir disposiciones que provenían del sentido común, del confort, y del buen gusto. Sin embargo, se hacía un control a posteriori

Estaba convenido que toda enfermedad imputable a una falta a las reglas era castigada. Los enfriamientos ó los golpes de calor, las afecciones digestivas , cutáneas , circulatorias, sexuales que podían ser, sin discusión, relacionadas con ropas muy ligeras ó muy abrigadas, muy ajustadas ó coloreadas ilegalmente, eran naturalmente atendidas, pero en servicios especializados, donde los infractores sufrían al mismo tiempo una reeducación moral: sólo la imbecilidad, la ausencia de espíritu cívico ó una coquetería extraviada podían conducir a comportamientos tan aberrantes. Hacer una estadía en estos servicios era por lo tanto una marca de infamia que no era fácil de borrar, ya que los delitos contra la salud eran los únicos delitos verdaderos

Después que se había instituido el autocuidado de la salud, la responsabilidad de cada uno era efectivamente total. Esto significaba que cada uno debía estar conforme de obedecer a detalladas prescripciones que le ahorraban la intolerable angustia de conducirse mal, no sabiendo exactamente cómo conducirse bien. El único bien absoluto era la salud, las verdades de la medicina eran las únicas verdades, el bien y el mal estaban perfectamente definidos, por lo que era inimaginable é inaceptable no obedecer las reglas. Una vez que la verdad médica quedaba establecida, y la reglamentación higiénica difundida, la libertad consistía evidentemente en respetarla
Las ocasiones de equivocarse eran por otra parte, raras. Sólo estaban en venta en los almacenes oficiales las vestimentas reglamentarias, y era necesario una obstinación singular en el error para conseguir aquellas que no lo fueran, ó para transformar uno mismo las que lo eran. Un boletín meteorológico preciso y detalllado permitía cada día elegir la vestimenta apropiada, en función de la sensibilidad de cada uno a las condiciones climáticas. Por lo tanto uno no podía vestirse mal, elegir ropas muy calurosas ó muy livianas, a menos de querer hacerlo a propósito
Ciertos hábitos antiguos, estúpidos y malsanos, habían subsistido sin embargo. Aún hoy en día se observaban a veces insolaciones ó golpes de calor. Testimonios de una extraña creencia: era agradable y  sano exponerse al sol para "broncearse", como se decía antiguamente. La ciencia había demolido este prejuicio. El único efecto del broncearse era favorecer los cánceres de la piel, desecar la dermis y producir inestéticas arrugas. A pesar de las repetidas y detalladas advertencias, a pesar de una vigilancia reforzada de las playas, el error había sin embargo persistido por largo tiempo. Imbéciles inveterados llevaban la perversión hasta el extremo de no broncear más que las partes del cuerpo que estaban habitualmente cubiertas, de manera de no denunciarse a la vista de todos. Al comienzo la lucha antibronceo había conducido a algunos errores lamentables: individuos cuya piel era naturalmente mate habían sido injustamente sospechosos. Pero había bastado agregar una señal codificada al documento de identidad para evitar estos malentendidos. Parecía en todo caso que desde hacía algunos años nadie más tomaba "baños de sol". En todo caso las estadísticas de los tribunales no mencionaban más ese delito.
El desayuno esperaba a JP8 sobre la mesa. Desde hacía mucho tiempo las prescripciones dietéticas habían dejado de ser generales é impersonales. Los alimentos que cada uno debía ingerir eran rigurosamente calculados por la central dietética, preparados en una cocina central y distribuidos. No era cuestión de dejar que cada uno se alimentara según sus gustos. No era que se despreciara el placer de la comida, pero evidentemente debía supeditarse a las exigencias sanitarias. Había sido sorprendente descubrir que entre los 7 pecados capitales, el que parecía más anodino, la glotonería, era, de hecho, uno de los de más graves consecuencias y uno de los más arraigados. Genéticamente probablemente. Por lo que era necesario controlar esta lamentable desviación
La alimentación era por lo tanto severamente controlada. Después de la desaparición de las enfermedades infecciosas, traumáticas, climáticas y tóxicas, había sido necesario rendirse a la evidencia: los hombres se enfermaban ellos mismos, haciéndose cómplices de los agentes patógenos externos. Y entre estos agentes, responsables en particular de las enfermedades degenerativas (cardiovasculares, cerebrales, articulares), cánceres, y naturalmente digestivas, la alimentación era uno de los más importantes      
"Comer bien es vivir bien" era una de los slogans más difundidos por los medios masivos. Pero se sabía que nadie era capaz de comer bien a partir de sus conocimientos, y aún menos de su gusto ó de sus instintos. Los regímenes eran por lo tanto programados por períodos de 6 meses, y constantemente corregidos en función del peso, las constantes biológicas y el rendimiento. Lo que había estado, en tiempos lejanos, reservado a los deportistas de alto nivel estaba ahora generalizado a toda la población
Pero había sido necesario contar con la glotonería: miembros de una misma familia intercambiaban entre ellos sus alimentos, otros se procuraban ilegalmente productos que les estaban prohibidos o reducidos, finalmente había otros que no consumían todo lo que se les prescribía. Había sido necesario por lo tanto programar no sólo las entradas - los alimentos entregados por la estación central - sino también los retornos. El comedor no tenía más que la mesa, cuatro sillas y dos mostradores, uno para las llegadas y otro para las salidas. Había sido necesario admitir sin embargo que un cierto nivel de desobediencia escapaba a todo control. Ocurría en efecto que se declaraban aquí o allá, esporádicamente, enfermedades cuya única explicación posible era una alimentación mal balanceada
Después de muchas investigaciones esta hipótesis había sido considerada válida porque sólo ella permitía confirmar la exactitud de las medida médicas . Las enfermedades hubiesen sido imposibles sin trampa, y la trampa indetectable sin las enfermedades. Estas excepciones confirmaban la regla
A la edad de 5 años JP8 había sabido que era intolerante al sodio, y que debía abstenerse hasta su muerte de todo alimento salado. Era el único medio para los que, como él, sufrían de esta tara hereditaria, de evitar la hipertensión arterial y los inevitables accidentes cerebrovasculares. Para JP8  eso no era un problema. Las escasas veces en que, por accidente ó por curiosidad, había violado la interdicción de consumir sal, le había desagradado el gusto. Le gustaba lo que comía, o más exactamente no pensaba más en ello. Encontraba más lógico liberar su libido y sus pensamientos para concentrarlos en objetos más dignos de interés
Le había ocurrido, a veces, preguntarse cuáles podían ser esos objetos, pero enseguida se daba cuenta que era una pregunta idiota. Había sido condicionado para no plantearse sino preguntas cuya respuesta estaba prevista: las preguntas sin respuesta no podían ser sino peligrosas. Cuando le venían al espíritu - excepcionalmente -, las rechazaba
En todo caso jamás la alimentación le había parecido que pudiese ser una fuente de placer. Pesaba el peso que se le había fijado. Las verificaciones bianuales de su organismo eran satisfactorias. Se estaba contento de él. Esto le bastaba
Aunque no eran "suyos", sus hijos se le parecían. La comida para ellos no ofrecía ningún interés. Comían sin rezongar y sin alegría lo que se les daba. Habían tenido la suerte de  no conocer ninguno de los venenos que arruinaban la salud de los niños y los adultos de otras épocas: caramelos, confituras, chocolates , tortas. Es verdad que la desaparición de estos venenos no había no había bastado para suprimir toda tentación. El recuerdo de estos mortales dulzores permanecía aún, bajo la forma de vestigios mnésicos, y a pesar de una censura estricta, ocurría que los libros hacían aún vagas alusiones
Tanto, que el efecto conjugado de estas malas lecturas y los recuerdos inconscientes, llevaba, a los desgraciados niños que las sufrían, a ser víctimas de peligrosas perversiones alimentarias
A la primera manifestación de estas malsanas tendencias, eran sometidos a un reacondicionamiento intensivo, que a veces debía ser repetido varias veces
Los hijos de JP8, por suerte, habían escapado a todos estos peligros
Disfrutaban de sus dientes fluorados, de su color de durazno, de un desarrollo pondoestatural y psicomental perfectamente normal 
A los 13 años el mayor medía ya 1,90 m.
Les había tomado largo tiempo a los sabios de la prehistoria médica comprender que la talla era también función de la alimentación
Los niños, generación tras generación, no cesaban de crecer más que sus padres porque comían mejor
Razas completas se habían puesto a crecer
Había bastado, por ejemplo, que la alimentación de un pueblo llamado japonés se acercara la del pueblo más avanzado de su época - los norteamericanos - para que su talla se acrecentara espectacularmente. Habían pagado caro contrayendo enfermedades que les eran desconocidas. Pero alineándose sobre la nueva política dietética de los pueblos desarrollados habían podido a su vez eliminarlas Sólo Ana Lisa 266 GMA 92 (AL2) manifestaba algunos síntomas inquietantes. Un día JP8 la había sorprendido leyendo un libro de cocina que vaya a saber de dónde había sacado , y que ocultaba con tal cuidado que él nunca había podido encontrarlo y destruirlo
Ella estaba tan extasiada por la contemplación de imágenes repugnantes, que no lo había escuchado llegar, y cuando se dio cuenta se ruborizó abominablemente
El mismo, terriblemente avergonzado, y espantado por lo poco que pudo ver, se había excusado y alejado. No se había hablado más entre ellos, pero era como si él hubiera adquirido una ventaja sobre ella, pero también al mismo tiempo como si ella no le perdonara haber descubierto su secreto

Ella estaba desde aquella oportunidad, tanto demasiado dulce y sumisa, como agresiva sin razón
JP8 no la había denunciado, como hubiese sido su obligación. Los ortopsicólogos eran capaces seguramente capaces de curar esta supervivencia de gustos arcaicos. Habría que haber hablado enseguida pero él había tratado primero de comprender. Naturalmente no había podido. Luego fué demasiado tarde. Se había convertido sin querer, en cómplice de su mujer, y pasible él mismo  de reeducación. Si solamente pudiera encontrar y destruir ése maldito libro !
Pensaba en eso mientras se dirigía a la habitación donde AL2 dormía aún. A las 7.56 se despertaría, podría dormir más tiempo ya que no trabajaba más afuera, pero no había ninguna razón para sobrepasar las 8 hs 25' de sueño que se le habían asignado. Era inconcebible. Embarazada de su tercer hijo, debía de todos modos ir al centro eugénico donde pasaría el día
"Sus" hijos no eran naturalmente de JP8. Cuando se estableció que era genéticamente intolerante a la sal, se le seccionaron los conductos espermáticos. El buen esperma no faltaba. No había ninguna necesidad especial del suyo. La "paternidad" no tenía más sentido ni interés, sino después del hecho, y "reproducción era una palabra que no se utilizaba más que por comodidad: los hijos no tenían más que lejanas, ó ninguna, relaciones genéticas con sus padres, y no los "reproducían" más
Ninguna limitación socioafectiva pesaba por lo tanto sobre el matrimonio. No obstante después de que desapareció como institución hubo que volver a él
Habiendo evaluado científicamente el crecimiento y el rendimiento de niños que podían identificar a alguien en función de padre (FP) y de madre (FM), había habido que admitir que eran mejores que las de los niños que vivían en comunidades infantiles, ó mixtas (adultos-niños). De hecho se había adoptado un solución de compromiso. En cada edificio cada "familia" tenía un departamento, pero los niños disponían de lugares que les estaban reservados. Las actividades comunitarias se desarrollaban en lo que se llamaba comúnmente el SAC (sede de actividades comunitarias)
Pero la reproducción no tenía nada que ver con esta estructura familiar y comunitaria, que no estaba destinada más que a resolver problemas de crianza. El eugenismo desde hacía mucho tiempo había reemplazado la improvisación, el más o menos, la aventura
Gracias a esta política eugénica las enfermedades hereditarias y transmisibles estaban en vías de desaparición. El OMS (ordenador médico sanitario) había calculado que en 60 años más todos los adultos en edad de procrear serían de suficientemente buena calidad genética como para "liberar" la reproducción
Se estaban elaborando las medidas necesarias para que esta nueva revolución fuese bien asimilada por la población. Se sabía que una nueva libertad es más difícil de metabolizar por una cultura que una nueva servidumbre
A decir verdad el OMS no era serio, no había dado su verdadera opinión . No era seguro que solamente las enfermedades genéticamente transmisibles debieran prevenirse. Aún si las nociones de "buena" ó "mala" calidad no estaban aún muy claras, era necesario reconocer que había individuos pertenecientes a ciertas familias, ó de antiguos grupos étnicos ó culturales, que sin estar afectados por ninguna enfermedad conocida, siempre estaban enfermizos, ó eran poco resistentes a los agentes exteriores, ó mal integrados socialmente. Por el momento estaban autorizados a reproducirse, pero quizás fuesen eliminados como reproductores cuando hubiesen desaparecido los portadores de taras genéticas. Un estudio epidemiológico sobre ello agitaba al OMS. Como lo había agitado en otros tiempos el problema de la inteligencia. Ciertamente se estaba en capacidad de seleccionar los más inteligentes, pero lo que se convirtió en dudoso con el tiempo es que los hombre debiesen ser inteligentes. Inteligencias superiores habían sido necesarias para construir la civilización y salir de la barbarie, pero actualmente planteaban numerosos problemas , y no se los necesitaba para resolver ninguno
Habiendo considerado la eventualidad de su propia desaparición ó deterioro (el riesgo era bajo pero no había sido completamente eliminado) el OMS había adoptado un solución de compromiso. Una civilización basada sobre la eliminación de todos los riesgos no podía arriesgarse a que el OMS se descompusiera. Se había por lo tanto continuado a favorecer la reproducción de los más inteligentes, y a desfavorecer la de aquellos con CIP (cociente intelectual perfeccionado) inferior a 120. Pero al mismo tiempo el OMS, tomaba las medidas necesarias para que, mientras él funcionara convenientemente, aquellos cuyo CIP fuera superior a 150 quedaran neutralizados. Esperando un eventual desperfecto no se les permitía trabajar más que al servicio del OMS , y bajo su control directo, JP8 estaba en esta situación
Mientras se aproximaba a la habitación de AL2, sintió una cierta inquietud y una vaga vergüenza que lo hicieron, para su sorpresa, detenerse. Habían hecho el amor la víspera, pero no como de costumbre. Ser una "ovuladora" enorgullecía a AL2 . Ninguna emoción ni sentimiento era legítimo si no estaba previsto. Pero al estar embarazada de un hijo que era doblemente suyo - genéticamente y obstétricamente - AL2 deslumbraba. Sensible a esta luminosidad que emanaba de ella, JP8 se había sorprendido al poner sentimiento en un acto que no tenía ninguna razón para tenerlo. Jamás la profunda educación sexual que había recibido había hecho la menor mención. Quizás estaba enfermo. Quizás estaba por convertirse él mismo en "sexualmente no reglamentario"
Habían hecho el acto según las reglas, pero una cierta distracción, equívocos y arrebatos inesperados, habían incuestionablemente perturbado su desarrollo          
Decidió que en el futuro la evitaría y elegiría otras parejas. Las relaciones sexuales eran libres. Podían desarrollarse en el local familiar, pero generalmente tenían lugar en el SAC. LA pluralidad de intercambios no tenía más que ventajas: impedía el hábito, ó los lazos afectivos muy estrechos, permitía eventualmente la fecundación directa de las ovulatrices por los inseminadores, lo cual aliviaba el trabajo aplastante de los centros de inseminación que debían consagrar todos sus esfuerzos a la fecundación artificial, ó a la implantación de embriones en el útero de portadoras
Si no hubiese la necesidad de una política eugénica se podría lamentar la pérdida de la comodidad de la fecundación natural tradicional
Por otra parte había habido que reemplazar todo lo que antes favorecía la convivencia: alcohol, tabaco, drogas, comida, espectáculos y conversación. Las leyes de la conversación no habían nunca podido ser aclaradas. De qué hablarían aquellos que en los tiempos pasados "conversaban" ? Estando todo programado nada debía ser previsto ni comentado. El sexo había aparecido entonces como el único lazo, la única actividad común que podía subsistir. Se la había valorizado y perfeccionado. Y la actividad sexual en sí misma se desarrollaba en silencio. Todo el mundo estaba demasiado bien ejercitado, como para que la menor indicación, la menor demanda, el menor rechazo, pudiera ser expresado. Ni, naturalmente, la menor emoción. Solo el placer

No tuvo que despertar a AL2. Ella le sonrió. El le sonrió. No tenían nada que decirse; se callaron, radiantes, pero avergonzados de las sonrisas que intercambiaban. Intrigados también. No comprendían nada
Desde que el OPTIMISMO reinaba todo estaba cuidadosamente previsto. La SALUD había sido considerada el objetivo prioritario; primero porque esto respondía a la demanda general, luego porque allí al menos, la CIENCIA era capaz de responder confiablemente a la demanda. El OPTIMISMO no era más que una simple disposición del humor. La decisión por tanto había sido optimizar las condiciones de vida y las facultades de cada uno, es decir obtener el efecto óptimo. Esto comenzó cuando la medicina se esforzó en utilizar mejor los medicamentos, y en general los medios terapéuticos. Se desencadenó la gran carrera de la calidad contra la cantidad. "Mejor", reemplazó a "más"
Todo el mundo aplaudió, salvo algunos reaccionarios, nostálgicos del fracaso y la desgracia           
EL OPTIMISMO respondía tan exactamente a las necesidades de cada
uno , las preveía con tal precisión, que no hubo más oposición. No se resiste a un gobierno de los hombres que encarna a la vez la verdad y el bien
En cuanto a los escasos opositores, hacía bastante tiempo que se había comprendido que era necesario tomarlos por lo que eran: enfermos. Se les impedía reproducirse - ya que tal disposición del espíritu no podía ser sino genética - y se los atendía. Cuando la psicofarmacología ó el reacondicionamiento fracasaban , se recurría a unos toquecitos con láser ó una pequeña cirugía. El tratamiento de las alteraciones mentales, y de ésas en particular no suponía ningún problema
JP8 se decía que quizás estuvieran enfermos. Se preguntó si no sería razonable contactar la central ortopsicosociológica (la ortopsi como se decía), de pedir ayuda. Pero se dijo que una sonrisa de algunos segundos no justificaba una medida tan seria, y se fué
Fuera el aire estaba fresco y cristalino . Absolutamente nada de polución . Ningún ruido que no fueran los de la naturaleza más natural
Por doquier reinaba un silencio como en la soledad del campo. Si por ejemplo en los medios de transporte la escucha de la radio era obligatoria, era con un receptor individual. Más exactamente los receptores habían sido reducidos al tamaño de un pequeño aparato acústico que se introducía en la oreja. Solamente el interesado podía escucharla. Esto era obligatorio porque era el único medio de estar informado. JP8 no había desobedecido más que una sola vez. Se arrepintió bastante porque la radio le había advertido ése día que su lugar de trabajo se había cambiado en el curso de su fin de semana de tres días, y el no escuchó ni la nueva dirección , ni la forma de llegar. En el lugar de su oficina se encontró , estúpido, frente a un obrador lleno de grandes máquinas automáticas que montaban un nuevo edificio, con inclusive nuevos árboles
No sabía dónde ir, ni a quién dirigirse . Se arregló la cuestión, no sin trabajo, pero había conservado de esta aventura un recuerdo penoso, y el temor permanente de no estar informado. Se sorprendía y tranquilizaba siempre de encontrar su casa cuando volvía, su oficina cuando salía
Desplazarse era a la vez muy simple y muy complicado. Sólo los incendios (excepcionales), las urgencias médicas (rarísimas), el transporte de personas enfermas ó muy ancianas (subsistían algunas) justificaban la utilización de vehículos individuales, llamados "libres"

Las calles estaban recorridas de forma permanente por vehículos eléctricos totalmente silenciosos y teleguiados que, por una referencia cariñosa y autorizada hacia el lejano pasado, se llamaban familiarmente los "troleys". No había más ciudades propiamente dichas, sino un terreno indiferenciado, constituido por construcciones , repartidas en la campaña y comunicadas por ésa estrecha red de comunicaciones. No había razón para estar aquí ó allá, y el tiempo pasado en los transportes, confortables, silenciosos, agradables valía la pena. Una vez que se sabía que había que tomar el 17 A 12, después el 23 G 42, etc. (hasta 10 diferentes a veces) para ir del punto A al punto B uno no podía equivocarse. Pero buscar otro itinerario, de A á C ó D (excepcionalmente es verdad porque no había ninguna razón para ir a C o D cuando uno trabajaba en A y vivía en B), era de una dificultad tal, que generalmente era necesario preguntar en la terminal más próxima. Se obtenía entonces un boleto donde estaban anotados todos los vehículos y puntos de cambio (semiautomatizados) Como uno de los principios fundamentales de la sociedad optimista era que nunca debía haber ruptura absoluta entre las actividades, los lugares y espacios de desplazamiento conllevaban un ejercicio corporal, una actividad cultural, un reciclaje informativo, etc. Así un ley simple obligaba  a hacer una parte del trayecto a pie. Se debía tomar el troley una estación más allá del punto de partida, y se lo dejaba una estación más allá del punto de llegada. Las estaciones estaban separadas por 500 mts., y esto suponía 2 Km. de marcha obligatoria por día (los días de trabajo, es decir 4 veces por semana)
Habitar en un edificio no significaba solamente vivir, dormir y comer. Todas las otras actividades, sexo, ejercicio físico, creatividad cultural, trabajo del campo, se hacían también por sector. En el sector en que vivían JP8 y AL2 la viña era la actividad agrícola más difundida. Por supuesto no se hacía más vino. Se comía la uva, pero poco (demasiado rica en azúcar directamente asimilable) Modificada y enriquecida, la uva era únicamente utilizada como una fuente excepcional de energía. Se había pensado en el riesgo de que algunos trabajadores probaran el líquido que resultaba de su fermentación, pero después que éste se efectuaba en circuito cerrado en centrales automáticas, todo peligro quedaba excluido. Y el combustible líquido que resultaba de esta operación era tan repugnante que nadie, sino algunos viejos , sabía a qué podría parecerse lo que los manuales llamaban vino
Los libros hablaban a veces, de los tiempos pasados, de sus errores, de sus locuras, de ése tiempo en que los hombre fumaban, tomaban bebidas alcohólicas, comían lo que les gustaba, hacían hijos al azar, vivían en un mundo que contaminaban a placer, sufrían enfermedades que contraían por sus propias faltas, sin ninguna preocupación por el bien público, y morían tontamente cuando hubieran podido evitarlo
Dios sabía sin embargo que temían a la muerte, las películas conservaban por ejemplo la imagen de los hombres de ésos tiempos
practicando lo que ellos llamaban "jogging". Corrían , corrían sin ninguna prescripción médica, sin ningún control. Y sobre todo corrían por las calles ó los magros islotes verdes que llamaban "parques", ó "bosques" y que estaban tan polucionados como el resto de la ciudad. Además ofrecían un espectáculo sorprendente y paradojal; gastaban una energía considerable y respiraban un aire viciado por otras energías. No corrían más que por correr. Sin objetivo y sin producir nada. Era impensable que hoy en día se hiciera ejercicio físico no programado y que no sirviera para nada. Todo ejercicio debía responder a una doble exigencia: sanitaria y energética. Concebido por médicos era siempre fuente, ó mejor transformación de energía. Vehículos que eran descendientes sofisticados de las antiguas bicicletas permitían simultáneamente desplazarse en el campo, pasear ejercitando todos los músculos del cuerpo, y cargar minúsculas baterías cuya energía era utilizada para los electrodomésticos
Cuando en el troley JP8 escuchaba la radio, no escuchaba evidentemente LA radio, sino SU radio. Más exactamente la radio de los humanos de su categoría. En efecto, salvo algunas raras noticias que estaban destinadas a todos las programas de radio eran sobre todo informaciones y órdenes individualizadas, según profesión, edad, estado de salud, región, situación de familia. La individualización había sido llevada tan lejos, que cada documento de identidad llevaba tantas referencias que no podía imaginarse que existieran dos documentos iguales. Simplemente por comodidad se habían constituido grupos, muy numerosos según las actividades (grupos dietéticos, vestimentarios, deportivos, intelectuales, geográficos, profesionales, etc.)
Los asientos de los troleys estaban concebidos a la vez para el reposo y los ejercicios. Cada uno según sus órdenes radiales tanto se relajaba científicamente, tanto según los métodos GI-BIO-YO-TE (síntesis armoniosa de todas las gimnasias del mundo) adquiriendo el control total de su cuerpo. Recibiendo cada uno su propio mensaje, los viajeros no hacían naturalmente los mismos ejercicios, sino por pura coincidencia, estadísticamente infinitamente poco probable
Pero curiosamente, si todo lo que gobernaba la vida de los hombres era dictado por el saber médico y tenía como objetivo supremo impedirles morir, la idea y el miedo a la muerte estaban totalmente ausentes. No se sabía más que todo estaba concebido para impedir enfermar y morir. Habiendo planteado que la muerte era el mal absoluto, y que no había más muerte que la del cuerpo, la sociedad optimista había adoptado las medidas convenientes, y al mismo tiempo había hecho olvidar a qué estaban destinadas. Había descubierto que es la vida lo que mata y que , para alejar la muerte era necesario reducir en la vida todo lo que no era previsible y le hacía el juego a la muerte: la aventura, lo imprevisto, los inventos , los vicios y los placeres. Para neutralizar el peligro de la muerte, lo más simple era organizar minuciosamente la vida más neutra posible
No se moría más de enfermedad de origen externo, ni de origen interno. No se moría más que de vejez. Ningún ser organizado puede vivir eternamente, ni puede escapar más tarde ó más temprano al envejecimiento, al desgaste del tiempo
Allí la sociedad optimista había casi fracasado, y había tenido su crisis más grave. si todo el mundo no iba a morir más que de vejez, qué hacer con los viejos ? Retardando el envejecimiento, no se hacía más que aplazar, agravándolo, el problema
Se pensó al comienzo en parques para viejos, donde las personas muy desgastadas podrían ser reunidas. Se había pensado que así sufrirían menos su decrepitud, y que no perjudicarían a los otros con su imagen. Pero la tentativa había fracasado. Aislados del mundo los viejos eran aún más desgraciados. Aunque no estuvieran, existían y se lo sabía
A continuación se había tratado de definir un estado de salud a partir del cual no se debería vivir más. Se trataba simplemente de liquidar físicamente a aquellos demasiado deteriorados. Pero al mismo tiempo el miedo a la muerte y la vejez reapareció
Uno espiaba en sí mismo y en los otros los signos fatídicos. Y los criterios, difíciles, cambiaban constantemente. Debía decidirse en función del estado físico ó mental, de la molestia para los otros, o del sufrimiento de los viejos ? En una sociedad cuyo objetivo estaba completamente expresado por el prefijo "eu" (euforia, eutimia, eusexualidad, eugenismo), la Eutanasia parecía lógica. Pero en tanto que todos ésos eu-estados eran obtenidos por orto-acciones (ortopedia, ortodoncia, ortofonía, ortosociología, ortóptica), la eutanasia no correspondía a ninguna orto-muerte imaginable. Arbitraria, tenía algo de chocante
La solución vino de la computadora a quien eran habitualmente confiados los problemas de lógica pura. Su veredicto fué simple y claro: "en lo que concierne a la muerte lo único necesario es el azar"
A partir de esta fecha, se había decidido que se podía morir a cualquier edad. Para corregir el efecto del azar sobre toda la población, se había convenido que el azar no afectaría igualmente a todas las edades: de 0 a 5 años, sólo  1 de cada 1.000 moriría, de 5 a 10 años 1 cada 800, hasta las edades más avanzadas donde un tercio debía morir. En fechas fijadas al azar, el azar decidía quién debía morir. La muerte no era más la consecuencia de la enfermedad ó la degradación. Se había reconvertido en una diosa imprevisible que con su guadaña elegía sus víctimas. Pero al mismo tiempo esta imprevisibilidad perdía su horror porque había sido prevista. se era víctima del azar, como antes, pero de un azar decidido, lo que cambiaba todo
La computadora no había parado allí, JP8 que justamente la atendía sabía que estaba prevista también la forma de la muerte, pero nada más. Nadie sabía en efecto, que en los días ó en las horas que precedían a su muerte los condenados conocían una felicidad nueva. Sentido de la aventura, sentimientos desconocidos, ternura, amor, una necesidad de placer, los invadía que daba súbitamente a la vida un gusto desconocido, y suscitaban una extraña alegría, como angustiante. Morían en el comienzo de esta extraña felicidad que nada les permitía reconocer porque era tan extraña e incomunicable que antes de morir nadie pensaría en abrirse a otro. Cada uno se iba con su secreto
Cayendo la tarde JP8 se aproximaba a su casa. La campiña le parecía particularmente bella, tuvo ganas de morder fresas, de cantar. Pensó con ternura en AL2. Se sentía inexplicablemente feliz............................................................   

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